domingo, 6 abril, 2025
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Caputo fracasó en la cosecha de dólares soja

La apuesta fuerte de Luis Caputo a fines de enero, bajando las retenciones a la exportaciones de los principales cultivos para apurar la liquidación de divisas en febrero y marzo no le dio los resultados esperados. Es más, entre los especialistas en mercados agropecuarios, lo califican sin eufemismos como «un rotundo fracaso». «Sacrificó 120 millones de dólares por mes en las retenciones que resignó, a lo que habría que sumar lo que se pierde por mantener el régimen del dólar blend , y el resultado es que el volumen de exportaciones de soja de febrero y marzo no fue muy diferente a lo que se estimaba previamente», señalan. Este resultado es el que explica, quizás más que otras causas, la urgencia del ministro y el gobierno de Milei en su conjunto, por obtener un urgente crédito de salvataje de parte del FMI. 

No es de extrañar, entonces, la aceleración de la fuga de divisas de las últimas semanas –por la perspectiva de que el gobierno tiene un problema de falta de dólares del que difícilmente pueda salir sin devaluación– ni la desconfianza creciente que se manifiesta respecto de la palabra del ministro de economía –ante una crisis macroeconómica cada vez más perceptible que Caputo se niega a reconocer–.

La traición de la soja

Cuando el ministro de economía anunció el 25 de enero pasado, junto al vocero Manuel Adorni, interviniendo en las habituales conferencias mañaneras de éste, la «baja temporaria» de las retenciones a las exportaciones de la soja y los demás cultivos exportables, lo hizo en la convicción de que así lograría que los productores vendan, en febrero y marzo, el equivalente a unos 5000 millones de dólares en cada mes de la soja «guardada». 

No ocurrió. En febrero, la liquidación de exportaciones de cereales y oleaginosas alcanzó los 2181 millones de dólares y en marzo resultó incluso inferior: 1880 millones (datos de la cámara de firmas exportadoras de cereales y de la industria aceitera, CIARA-CEC). 

Entre las razones por las que falló el pronóstico oficial, una tiene que ver con la estimación del stock de soja que se supone retenido por los productores: 18 millones de toneladas, según publica la propia cámara empresaria, CIARA-CEC, y que el gobiernon tomó como cierto. 

«Es un dato poco confiable, veníamos de una cosecha mala por la sequía, la de la campaña 2022/23, que de 50 millones de toneladas de una muy buena cosecha como la que se esperaba, cayó a la mitad», afirma un experimentado analisa del sector. «El entonces ministro Sergio Massa hizo todo lo posible para que lo producido se vendiera y así poder conseguir los dólares, y aplicó el esquema de dólar soja en tres oportunidades (con un generoso premio en precios para los productores) con buen resultado, con lo cual esa campaña dejó poca soja sin vender cuando llegó la nueva (2023/24)», agrega la misma fuente. «A pesar de que fue una buena campaña, con la cifra de soja vendida no cierra que haya quedado sin vender entre el 30 y el 40 por ciento de la producción, a lo sumo pueden quedar entre 8 y 9 millones de toneladas, pero más no».

CIARA-CEC sigue afirmando, en sus publicaciones, que a fines de febrero quedaban 18 millones sin vender, lo cual para algunos observadores es tan solo un arma de presión de los exportadores para que el gobierno ceda mejorando el precio al productor, así liquida los volúmenes importantes que supuestamente tiene. Es lo que intentó Caputo con la baja de retenciones, pero le fue mal. 

Futuro poco prometedor

Javier Preciado Patiño, consultor y especialista en mercados agropecuarios, ex funcionario en la misma materia durante la gestión de Julián Domínguez en el ministerio de Agricultura yGanadería, sostuvo ante la consulta de Página 12 respecto del tema:

«La baja de retenciones de enero mejoró el precio de la soja al productor, pero no tuvo el impacto que el gobierno esperaba en el flujo de dólares de la exportación. Y ahora enfrenta un problema más grave cuando empieza a entrar al mercado la nueva cosecha. Las condiciones del mercado no son favorables a los países exportadores. Por las subas arancelarias que aplicó Trump el precio de la soja está cayendo. La cosecha brasileña viene muy bien, igual que la argentina, por lo cual la oferta en el mercado mundial va a ser alta. China, previendo la situación conflictiva que iba a plantear Estados Unidos, anticipó sus compras y está, en buena medida, abastecida para sus necesidades por lo menos para los próximos cinco a seis meses. En principio, diría que vamos a tener un mercado flojo para la entrada de divisas», describió Preciado Patiño el panorama. 

Un análisis del mismo experto señala que la variación de la brecha entre el precio del dólar en los mercados bursátiles (contado con «liqui») y el que recibe el productor, le fue agregando incertidumbre a este último, lo cual redujo adicionalmente la oferta. Según sus cálculos, a fines de enero pasado, con la vigencia de la baja de retenciones a la exportación (para el poroto de soja se redujo del 33 al 26 por ciento, y para los derivados, del 31 al 24,5), el dólar blend (permitiendo liquidar el 20 por ciento de las exportaciones por el contado con «liqui») más las intervenciones del Banco Central en el mercado para contener la suba del dólar financiero, se logró bajar la brecha al 5 por ciento. «Pero ahora volvió al 19 por ciento», advierte.

A partir de la actual situación, estima que si el gobierno debiera ceder ante el FMI eliminado el beneficio del dólar blend para el exportador, la brecha se elevaría al 24 por ciento. «Si el Banco Central además queda obligado a no intervenir con sus reservas internacionales, la cotización se va arriba y también la brecha», lo cual sumaría razones para, ahora sí, retener buena parte de la cosecha disponible en manos del productor. 

«Es un panorama muy complicado, porque: cómo hace el gobierno para que el productor siga liquidando si no es por vía de una devaluación importante?»

La pregunta no tiene respuesta dentro del actual esquema de política económica. Dicho de otro modo: está marcando los límites de una política que llevó a estos extremos y generó una crisis que las autoridades económicas y políticas en el gobierno siguen sin admitir. 

Mientras ni siquiera las súplicas ante el gobierno norteamericano le dan resultados a Milei y Caputo, uno de sus originales socios en esta política, el sector agroexportador, da señales cada vez más contundentes de alejamiento del gobierno en defensa de sus propios intereses económicos: en la segunda quincena de marzo, no sólo cayeron las ventas de soja al sector exportador, sino que se amplían las entregas físicas de mercadería con precio «a fijar» en el futuro, o se negocia la producción aún no cosechada comprometiendo entrega a 30 ó 60 días pero con precio «a fijar» (contratos forward). Es decir, en ambos casos entregan pero no venden.

Crece la incertudimbre y, con ello, la conducta conservadora de los productores. La oferta para exportar y los dólares de dichas operaciones, se anticipa, no aparecerán hasta que aclare el panorama.  

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