Pocas cosas reflejan tanto el estado de una sociedad como el análisis de la vivienda de sus integrantes. Y en ese rubro, nuestro país arrastra una larga deuda. ¿Cuán grande? Para entenderla, basta con pensar un número crudo e inapelable: según un nuevo relevamiento, apenas el 15% de las viviendas que integran los llamados “barrios populares” alcanza una calidad constructiva “suficiente”. Pero el 81% de las viviendas se consideran “parcialmente insuficientes” y el restante 4% directamente es de calidad “insuficiente”.
Además, cerca de la mitad de los hogares relevados presenta grietas, filtraciones o goteras, y entre el 20 % y el 45 % carece de agua caliente o lavamanos en el baño. Vale aclarar que se considera “suficiente” a las viviendas que cuentan con materiales resistentes en todos los componentes y con elementos de aislación y terminación.
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Otro punto que caracteriza a esta población es el tipo de tenencia de la vivienda. Si bien la mayoría de las personas habita viviendas de las que son propietarias, el alquiler tiene un peso significativo sobre todo en los barrios de la Ciudad de Buenos Aires.
En la Villa 21-24-Zavaleta, por ejemplo, el 36% de la población relevada reside en condición inquilina. En el Barrio Mugica y en Isla Maciel, los hogares inquilinos representan el 19,8% y el 10,8% de la muestra respectivamente.
Como muestra basta
El relevamiento de donde salen estos y otros datos sobre el estado y demografía de quienes habitan los barrios populares acaba de ser publicado por un grupo de ONGs tales como el Observatorio Villero de La Poderosa, la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y la Fundación Temas. También sumaron respaldo técnico expertos del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA.
“El relevamiento abarcó 1.485 hogares en nueve barrios de CABA, el conurbano y provincias como Córdoba, Corrientes, La Rioja y Tierra del Fuego. Y para elaborarlo se entrevistó a responsables de 1485 hogares que cubren un universo de 5000 personas, le detalló a PERFIL Catalina Marino, coordinadora del Programa Derecho a la Ciudad en ACIJ.
Por su parte, Diego Mora, del Observatorio de La Poderosa, le dio marco: “hoy, en el país, ya se reconoce oficialmente que existen más de 6 mil barrios populares donde viven 5 millones de personas. O sea, uno de cada diez argentinos.
¿Quiénes viven en esas geografías? De acuerdo a Pablo Vitale, también integrante de ACIJ, “al procesar los datos encontramos que estos barrios tienen un perfil demográfico mucho más joven que el promedio de Argentina. “Entre el 20% y el 30% de la población está compuesto por personas de 14 años o menos, mientras que la presencia de personas mayores de 75 años es prácticamente nula.
En términos de género, se observa una mayoría de mujeres en los hogares, sobre todo en la franja etaria que va desde los 20 a los 64 años, correspondiente a la edad económicamente activa. Más del 60% de los hogares analizados presenta jefatura femenina y entre un 50% y 60% tiene al menos un menor a cargo.
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Esta situación contrasta con las características demográficas generales del país y en particular del AMBA, donde hay una mayor proporción de varones y de personas adultas mayores.
Pero además, en una vuelta de tuerca muy caliente con la actualidad política, resulta que en el 13% de los hogares vive, al menos, una persona con discapacidad.
Lo socioambiental
Un dato interesante es el que muestra que nueve de cada diez hogares están expuestos a un “alto riesgo ambiental”, según un índice que combina la presencia de plagas, acumulación de basura y proximidad a fuentes contaminantes.
En particular, el 49 % de las viviendas se encuentra cerca de agua contaminada y el 29 %, junto a basurales, lo que -claro- incrementa significativamente la exposición a enfermedades.
Pensando en las lluvias y tormentas, apenas el 27 % de las viviendas relevadas se ubica sobre calles asfaltadas y el 46 % sobre calles de tierra.
Y la situación del alumbrado público muestra patrones similares. En promedio, aproximadamente la mitad de las viviendas cuentan con alumbrado público en el pasillo o calle sobre la que están situadas.
Por otra parte, el 61 % de las personas consultadas dijo “no contar con árboles frente a su vivienda”, en la vereda o calzada, situación que no solo afecta el confort térmico y la calidad del aire, sino que también disminuye el bienestar psicológico y las oportunidades de socialización y recreación al aire libre.
La precariedad de muchas barriadas también se mide en tiempo perdido: el 30% de las personas contó que tarda más de una hora en llegar a su trabajo; un 10% supera los 120 minutos de viaje.
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El acceso a los servicios básicos es otro laberinto de desigualdad: el 50 % de los hogares relevados accede al agua mediante conexiones informales, lo que deteriora su calidad y, a veces, la vuelve no potable.
El 63 % se conecta a la red eléctrica de manera precaria y el 36 % solo tiene acceso a internet a través del celular o carece completamente del servicio. Claramente, estos niveles de informalidad y precariedad implican mayores costos, elevan el riesgo de accidentes y limitan las oportunidades educativas y laborales.
Agua faltante
* Al enfocarse en la calidad del agua, cerca del 75% de los hogares relevados declaró que el suministro presenta olor, color y/o sabor.
* En cuanto a la cantidad de agua recibida, también hay situaciones de déficit pronunciado que varían según el barrio. El 43% de las viviendas no recibe siempre agua para cubrir las necesidades del hogar.
* Como consecuencia, el 60% de los hogares compra agua embotellada —en forma habitual u ocasional—, lo que representa un gasto extra para estas familias.