sábado, 17 enero, 2026
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Milei y Trump piensan distinto o enfrentan problemas diferentes? (que no es lo mismo)

«Caballeros. Cuando se levanten a la mañana y se afeiten delante del espejo quiero que piensen muy bien esto que les digo. Pregúntense, ¿qué puedo hacer para aumentar la oferta monetaria hoy?”.

La arenga fue del jefe de asesores del presidente Richard Nixon (1969-1974), John Ehrlichman, a sus economistas en 1972.

La frase de Ehrlichman tiene su correlato local. Un presidente del Banco Central de Argentina en la época de Raúl Alfonsín, Juan José Alfredo Concepción, luego de que le advirtiera alguien que si la inflación se descontrolaba la demanda de pesos bajaría y sería malo para la economía, lanzó la siguiente ocurrencia: “No entiendo eso de que la gente no demande más dinero. Siempre quiere más plata”.

Así piensan a veces los políticos. Más emisión, más oferta de dinero. Hoy, Donald Trump busca desplazar al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, utilizando esa misma lógica. Quiere que las tasas de interés bajen y expandir así la oferta (crédito barato) para las elecciones de noviembre.

Hay más de Nixon.

“A la gente le preocupa más el desempleo que el supermercado”, le dijo una vez al jefe de la Reserva Federal, entonces Arthur Burns, después de despedir a su antecesor, William McChesney Martin, por no bajar las tasas.

Eso ocurrió a principios de los 70. Todavía en esa época, y al día de hoy, la depresión de los años 30 causaba estragos en la vida de los estadounidenses después de lo que vivió décadas antes. Esto lo cuenta muy bien en su nuevo libro el editor de The New York Times, Andrew Ross Sorkin (en inglés “1929: Inside the Greatest Crash in Wall Street History—and How It Shattered a Nation”).

Los políticos para ganar elecciones buscan captar el descontento y las demandas de la gente. En Estados Unidos es el desempleo y, en menor medida, la inflación. “Errále siempre para el lado de la inflación”, le dijo Nixon a Burns. “Mantenenos fuera de la recesión y el desempleo. La Reserva Federal y la oferta de dinero y billetes son más importantes que el Tesoro y el Presupuesto”.

Burns asintió.

El propio Nixon directamente ordenó a sus economistas y a los distintos organismos, que publicitaran sus medidas. “Esta es una administración activa, ¿me oyen?”, dijo a los periodistas. “Donde piense que se pueda tomar una acción para estimular la economía, lo haremos”.

¿Qué cambió 50 años después?

Poco. Trump quiere que la economía crezca rápido y actúa como Nixon, como si fueran los años setenta. Implementó políticas expansivas de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Según estimaciones privadas está inyectando unos US$ 200.000 millones a través de reducción de impuestos. Ordenó además que agencias del Estado compraran hipotecas, puso límites a las tasas de las tarjetas de crédito y dijo que en lugar de Powell quiere alguien que “cuando el mercado esté subiendo baje las tasas porque así nuestro país se fortalece más”.

Todo esto no solo es lo opuesto a lo que Milei dice en público. En la Argentina sucede algo inverso, al menos en los últimos años. Durante una década la consultora de opinión pública Isonomía midió que la inflación era el principal problema de las personas. En 2023 ganó Javier Milei las elecciones prometiendo solucionar la aceleración inflacionaria.

Los propios funcionarios económicos de Trump piensan como Milei.

De hecho American peronist es un término que popularizó el secretario del Tesoro, Scott Bessent, para caricaturizar a los políticos opositores de Trump, criticando sus políticas intervencionistas que el propio funcionario comparó con el peronismo argentino, según él, perjudicial para la economía. La frase surgió en medio de un debate cuando Trump era atacado el año pasado por el Partido Demócrata por otorgar un salvataje financiero a la Argentina. Ahora los demócratas dijeron que apoyarán a Trump en su medida de poner topes a las tarjetas. ¿Trump acaso no es un american peronist?

Lo cierto es que las demandas de los votantes en uno y otro lugar son diferentes; mientras que en Argentina en 2023 era bajar la inflación, Trump canalizó el descontento de un segmento importante de la clase media perjudicada por la crisis de las hipotecas en 2009 y la desindustrialización. Por supuesto que el presidente de EE.UU. no es el único que critica a los Bancos Centrales. Takaichi Sanae, primer ministro de Japón desde octubre, calificó de “estúpidas” las subas de las tasas de interés en su país.

¿Todo esto quiere decir que Milei y Trump piensan diferente? Puede ser. Pero lo relevante de un presidente está en cómo actúa. Isonomía detectó por primera vez en mucho tiempo que la inflación ya no es el principal problema de la gente y en diciembre pasó a ser la desocupación. Ahí, quizá Trump y Milei enfrenten algo parecido.

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