En una intervención durante el Asia Pacific Financial and Innovation Symposium en Melbourne, el máximo ejecutivo de la mayor gestora de activos del mundo lanzó una advertencia contundente: la complacencia de los inversores frente a la escalada bélica en Medio Oriente podría tener costos significativos. Según su análisis, el petróleo tiene un potencial alcista que podría llevarlo hasta los 150 dólares por barril, un escenario que se mantendría vigente incluso tras un eventual anuncio de paz, debido al tiempo requerido para normalizar las cadenas de suministro interrumpidas.
Una respuesta de mercado atípica
Kapito destacó la respuesta «desigual» de los mercados financieros ante este conflicto, que contrasta con patrones históricos. En lugar de refugiarse en activos tradicionalmente defensivos como el oro o los bonos del Tesoro a corto plazo, los inversores han mostrado una reacción más moderada. El índice S&P 500 ha registrado una caída inferior al 5% desde el inicio de las hostilidades, mientras que el oro ha retrocedido cerca de un 15%. Esta dinámica, según el ejecutivo, refleja una subestimación generalizada de los riesgos a medio plazo.
Presión sobre el consumidor y riesgo recesivo
En el mismo foro, Jim Zelter, presidente de Apollo Global Management, amplió la perspectiva hacia el impacto en la economía real. Señaló que un conflicto prolongado ejercería una presión adicional sobre el ciclo crediticio y aumentaría el riesgo de recesión en Estados Unidos. Zelter puso el foco en el consumidor estadounidense, pilar del crecimiento en los últimos años, que ya muestra signos de debilidad en su confianza. «No se trata realmente de un shock de tasas de interés, sino de un shock de confianza en el gasto en la mayor economía del mundo», afirmó.
Disrupciones prolongadas en la cadena de suministro
El núcleo de la advertencia de ambos ejecutivos radica en el efecto dominó que una interrupción sostenida en el transporte marítimo y la energía podría tener en las cadenas de suministro globales. Kapito se preguntó retóricamente sobre la duración de esta disrupción: «¿Y si esto dura una semana, seis meses, un año? ¿Qué significará para las empresas que poseo?». Su mayor preocupación es que los actores del mercado no están considerando estos escenarios adversos, apostando por un panorama excesivamente optimista.
Optimismo a largo plazo pese a la coyuntura
A pesar del sombrío panorama inmediato, Rob Kapito aclaró que mantiene una visión positiva para el largo plazo. Citó la inteligencia artificial y el dinamismo de los mercados privados como motores estructurales que seguirán impulsando oportunidades de inversión. Esta perspectiva dual subraya la complejidad del momento actual: una coyuntura geopolítica crítica que exige cautela, enmarcada en un ciclo tecnológico y financiero que aún ofrece fundamentos sólidos para el futuro.
