En el marco de las conmemoraciones por el 50° aniversario del último golpe cívico-militar, la masiva movilización del pasado 24 de marzo volvió a posicionar en el centro del debate público los pilares de memoria, verdad y justicia. El analista político Eduardo Ibarra, en diálogo con Canal E, evaluó el alcance de la convocatoria y sus implicancias en el actual escenario político.
Una respuesta social contundente
Para Ibarra, la magnitud de la marcha no fue un hecho aislado o casual. Más allá de la convocatoria estructurada de organizaciones de derechos humanos y partidos políticos, el analista subrayó un componente significativo de participación espontánea. «Esa dosis de espontaneidad es lo que termina traduciéndose en la dimensión final de la movilización», explicó, sugiriendo que el fenómeno trasciende lo meramente organizativo.
Según su perspectiva, esta respuesta social actúa como un contrapeso frente a discursos que buscan reinterpretar el pasado. «Los datos objetivos de la realidad van ordenando esta discusión y la batalla cultural que se propone desde el gobierno», afirmó Ibarra, en alusión a la administración de Javier Milei.
Continuidad en el debate y una visión mayoritaria
El analista identificó una línea de continuidad en el tratamiento de los derechos humanos entre los dos últimos gobiernos de signo liberal. Recordó que durante la gestión de Mauricio Macri se instaló el concepto del «curro de los derechos humanos», una narrativa que, a su juicio, el actual presidente ha profundizado al rescatar la denominada «teoría de los dos demonios».
«La masividad de la marcha valida la interpretación mayoritaria de que lo ocurrido fue terrorismo de Estado y no convalida esa teoría de los dos demonios», sostuvo Ibarra. Advirtió, no obstante, que esta visión es sostenida por «grupos minoritarios pero muy poderosos», a los que, según él, el presidente Milei «le toma el guante».
Un consenso social persistente
Con una trayectoria de 35 años en estudios de opinión pública, Ibarra aportó datos que, a su criterio, reflejan un consenso social de larga data. «Siempre que interrogamos a la sociedad acerca de si repudiaba el golpe de Estado, más del 75% ha respondido afirmativamente», reveló. Esta cifra, constante a lo largo de las décadas, demostraría, en su análisis, la existencia de un piso de repudio amplio y transversal que se reactiva en convocatorias como la del 24 de marzo.
La reflexión de Ibarra pone el foco en la vigencia del debate sobre la dictadura y en cómo las movilizaciones masivas actúan como un termómetro social, reafirmando ciertos consensos frente a intentos de revisión histórica promovidos desde esferas oficiales.
