Tras las elecciones que dieron la victoria a la coalición opositora liderada por Peter Magyar, la sociedad húngara enfrenta el desafío de la transición con una mezcla de esperanza y cautela, mientras analiza el desmantelamiento de las estructuras políticas del anterior gobierno.
BUDAPEST. Menos de 24 horas después de las elecciones que marcaron un cambio político significativo en Hungría, la capital amaneció con una atmósfera de calma reflexiva. El resultado electoral, que otorgó la victoria a la coalición opositora liderada por Peter Magyar, pone fin a 16 años de gobierno de Viktor Orbán y su partido Fidesz.
«La alegría es inmensa. Pero todos somos conscientes de que ahora viene lo más difícil», expresó Lazlo Dudich, un librero del centro de Budapest, refiriéndose al complejo proceso de transición que se avecina.
En las calles, los carteles de la campaña del Fidesz, que mostraban a Peter Magyar junto al presidente ucraniano Volodimir Zelensky con la leyenda «Son peligrosos», fueron siendo retirados por ciudadanos durante la noche. Zoltan, dueño de una empresa de artículos eléctricos, describió la tarea como un acto simbólico: «Hace 16 años que esperábamos esto. Arrancando los carteles, anoche volví a tener 18 años».
Peter Magyar, un conservador de tendencia proeuropea y moderada, se dirigió a sus seguidores la noche del domingo frente al Parlamento húngaro. «Tisza y Hungría han ganado estas elecciones. Juntos hemos reemplazado el régimen de Orbán, liberado a Hungría y recuperado nuestra patria. Hoy Hungría ha hecho historia», declaró el futuro primer ministro, quien gobernará con una mayoría de dos tercios.
La reacción del Fidesz y sus simpatizantes ha sido de desconcierto. «¿Peter Magyar? Un traidor. Traicionó a su partido, traicionó a su esposa y traicionará a su país», afirmó Akos Madl, un administrativo de 50 años.
El análisis postelectoral revela una división generacional marcada. Los votantes más jóvenes apoyaron masivamente a Magyar, mientras que los mayores, especialmente en el interior del país, se mantuvieron fieles a Orbán. «Es incomprensible. Los jubilados ganan menos de 180 euros por mes… Y todavía siguen votando a Orbán», analizó Dominik Nagy, un enfermero de 35 años.
Con 3,1 millones de votos de los 8 millones de inscritos a favor del «cambio de régimen», según los reportes, la tarea de desmantelar lo que se conoce como el «sistema Orbán» y dirigir la transición política se presenta como el principal desafío para la nueva administración. La rapidez con la que Viktor Orbán reconoció su derrota ha sorprendido a muchos, pero también genera incertidumbre sobre las acciones de su partido durante el mes que le queda en el poder.
