Economistas y analistas debaten sobre los riesgos políticos y sociales del actual plan económico, destacando el desempleo y la necesidad de políticas de compensación, mientras evalúan oportunidades a largo plazo.
Distintos analistas económicos han expuesto recientemente sus perspectivas sobre los desafíos y oportunidades del actual contexto económico argentino, con especial foco en el impacto social y el empleo.
El economista coreano Ha-Joon Chang, entrevistado esta semana, ofreció un consejo dirigido a diversas corrientes ideológicas: «Argentina no tiene que obsesionarse con la ideología, sea Perón o Milton Friedman». Chang, considerado un economista heterodoxo, había expresado en una entrevista anterior que «la inflación es una forma perezosa de resolver luchas distributivas».
Por su parte, el historiador y economista Pablo Gerchunoff, en el lanzamiento de su nuevo libro, analizó la situación actual bajo el título «El verdadero problema de Milei no es la inflación, sino la fractura social». Gerchunoff observa que el gobierno enfrenta una oportunidad inédita vinculada al petróleo, el gas y la minería, comparable en escala histórica con procesos del siglo XIX. Sin embargo, advierte: «Mientras aquella generación integró a los perdedores del modelo, el actual gobierno aún no muestra esa capacidad política». Señaló que abrir la economía con un tipo de cambio bajo puede derivar, en el mejor de los casos, en la «enfermedad holandesa», y en el peor, en una «catástrofe social».
En una línea de análisis convergente en la identificación del problema, aunque desde una perspectiva económica diferente, el economista Ricardo Arriazu sostuvo en una conferencia que el desempleo es el mayor riesgo político para el gobierno. Arriazu advirtió que «la transformación estructural de la economía argentina genera en el corto plazo más destrucción de empleo que creación», un efecto que se duplica en el conurbano bonaerense. Explicó que el cambio de reglas de juego afecta a actores que respondieron a incentivos anteriores, tanto empresarios como trabajadores.
Mostrándose optimista en el largo plazo por el potencial exportador en cobre y energía, Arriazu se mostró pesimista en el corto plazo: «La economía se planchó, el Banco Central debería bajar las tasas de interés, la gente piensa que el récord de consumo (que proclama el Gobierno) es un chiste». Concluyó abogando por políticas activas de compensación, como seguro de desempleo, mayor asignación universal por hijo y obra pública focalizada.
Arriazu asignó un 50% de probabilidades a que el plan económico pueda resistir el riesgo político del desempleo. Gerchunoff, por su parte, hizo un llamado a que la gestión no se preocupe solo por el «país» (el territorio y su administración), sino también por la «nación» en su sentido social e integrador.
