Con 72 años, la actriz uruguaya repasa su trayectoria, desde sus inicios en Argentina hasta su presente en la obra «Doradas», y confiesa cómo vivió el odio del público por sus personajes.
Pocas actrices interpretaron en televisión a villanas tan recordadas como Marta Albertini (72). Nacida en Uruguay, su voz y mirada penetrante remiten inmediatamente a esas malas de telenovela, pero ella asegura no tener nada que ver con sus criaturas de ficción. Actualmente, forma parte del elenco de Doradas, la obra de José María Muscari que se presenta en el Teatro Nacional Cervantes, donde además de actuar, canta y baila.
—¿Es la primera vez que trabajás con Muscari?
—Sí, con mucho ingenio y creatividad a él se le ocurrió hacer Doradas, una obra en la que reúne actrices que pertenecemos a una época dorada de las novelas. Cristina Alberó, Carolina Papaleo, Judith Gabbani, Ginette Reynal y yo. Y es un éxito. Es que fue una época dorada de la ficción que ya no existe más. La gente se divierte mucho y nosotras también.
—Viniste de Uruguay muy joven y te quedaste. ¿Fue por trabajo o por amor?
—Por trabajo. Llegué a la Argentina de manera casual y me quedé. Egresé de la Escuela de Arte Dramático de Montevideo, que pertenece al Teatro Solís, fundado por Margarita Xirgu. Un día mi mamá me dijo: «Te llamaron de Canal 4 para una entrevista con empresarios mexicanos que van a hacer una miniserie». Yo dije: «No, yo televisión no, lo único que quiero es teatro». Y mi mamá: «Andá, hacelo por mí». Fui a la entrevista y me eligieron. Filmamos exteriores en Punta del Este, todo divino, y nos despedimos porque ellos seguían filmando en Buenos Aires, en Canal 13. A las dos semanas me llamaron y me dijeron: «Hemos tenido un problema terrible con el sonido grabado en Uruguay. Hay que volver a grabar. Te pedimos por favor que vengas. Te pagamos todo». Vengo a Buenos Aires y me encantó Canal 13, quedé deslumbrada. Era la época de Goar Mestre. Me presentaron a Salvador Salías, el representante más importante de acá, que representaba a Graciela Borges, Arturo Puig, Pepe Soriano… Bueno, me entrevisté con él y me dijo: «Si podés volver enseguida, hay un personaje para vos en El profesor tirabombas, con Luis Sandrini». Yo adoraba de chica a Sandrini. Volví a Montevideo, organicé todo y regresé a Buenos Aires. Filmé la película y ahí se abrieron muchas puertas. Y a partir de ahí venían mi mamá y mi hermana a verme acá.
—Dos a quererse, con Thelma Biral y Claudio García Satur, de Alberto Migré. Y empecé a hacer televisión a full. Fue un desafío, pero ellos dos me enseñaron mucho y me contuvieron. La repercusión del personaje fue tremenda y sucedió lo que yo no esperaba: que todo el mundo me odiara.
—¿Te sentiste encasillada en el rol de la «mala»?
—Yo no lo viví como encasillamiento, porque me gustaba. Otra mala que hice fue la de Dos para una mentira, en Canal 9.
—La primera buena fue en La extraña dama, con Luisa Kuliok. En la entrevista Omar Romay me dijo: «¿Te animás a hacer una buena, pero buena buena?». [Risas].
—¿La gente te reconocía en la calle como la «villana»?
—Donde más repercutió eso fue en Dos a quererse. Porque era una mala extrema, que se metía en el medio y le arruinaba la relación a Thelma Biral y García Satur. Por la calle me decían de todo. Una vez, estaba esperando para entrar al cine y veo que una señora se viene derechito a mí, yo no entendía bien qué pasaba. Y la señora me dice: «¡Estúpida!, ¿no te das cuenta que Claudio no te quiere?». Me quedé helada. Además, no estaba acostumbrada a que me reconocieran por la calle. Y lo empecé a sufrir un poco. Hoy ya no pasa. Pero me pasó de todo. Desde no querer atenderme en un negocio y que me lo dijeran de frente: «Yo a usted no la atiendo»… hasta que me den vuelta la cara: «A usted no la saludo».
—Sí, porque me sorprendió. Estaba acostumbrada a Montevideo, donde todo el mundo me quería, porque todos nos conocemos. A mi mamá no le gustaba nada. Durante la primera temporada en Mar del Plata, en una obra de Migré con Arturo Puig, Alberto Martín, Marta González, Marcelo Marcote que fue un exitazo, a la salida del teatro me tiraban del pelo, me gritaban «mala», incluso hubo veces en las que me tenían que acompañar para entrar o salir del teatro.
—Cine, teatro, televisión… ¿qué te gusta más?
—El teatro, por el contacto con el público y la elaboración del texto, aunque también amo la tele. El teleteatro me fascina, porque te da un entrenamiento y una rapidez increíbles.
—Sos astróloga por hobby. ¿Tus compañeros de trabajo saben de esta pasión tuya? ¿Te piden que les hagas la carta natal?
—Saben, pero también saben que un poco la abandoné porque sentí necesidad de tomar distancia con la astrología, porque al saber los planetas donde los tengo, qué planeta transita por el Sol o por Venus, es como que la cabeza está condicionada. Prefiero la libertad de manejarme sin estar sugestionada con eso.
