El dato de inflación de abril en la Ciudad de Buenos Aires, que alcanzó el 2,5% mensual y un 32,4% interanual, volvió a poner en foco las dificultades del Gobierno para reducir la inflación por debajo de esos niveles.
La inflación de abril en la Ciudad de Buenos Aires, que se ubicó en el 2,5% mensual y acumuló un 32,4% interanual, reabrió el debate sobre las dificultades del Gobierno para perforar el piso inflacionario. Según el economista Andrés Asiaín, el dato estuvo dentro de las previsiones del mercado y reflejó el impacto de factores internacionales y estructurales que continúan presionando sobre los precios.
Asiaín explicó que abril suele mostrar una desaceleración respecto de marzo debido al efecto estacional del inicio de clases, y señaló que el principal factor de presión fue el aumento de los combustibles, vinculado al contexto internacional y al incremento del precio del petróleo tras las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
El economista estimó que la inflación nacional podría ubicarse en torno al 2,7% y sostuvo que el país ingresó en una dinámica de inflación mensual estable entre el 2,5% y el 3,5%. Indicó que el rubro transporte fue uno de los más afectados por las subas de precios, mientras que algunos alimentos mostraron aumentos moderados gracias a la apreciación cambiaria y a la apertura de importaciones.
Sin embargo, Asiaín advirtió que el problema de fondo es más profundo. Sostuvo que las herramientas tradicionales aplicadas por el Gobierno —ajuste fiscal, política monetaria restrictiva, ancla cambiaria y contención salarial— muestran límites frente a una inflación que definió como “estructural” y vinculada al reacomodamiento de precios relativos.
Consultado sobre la posibilidad de que la inflación baje del 2% mensual, Asiaín fue contundente: “No vemos chance de que baje”. Explicó que para lograrlo sería necesario aplicar medidas más heterodoxas, como acuerdos de precios o consensos sociales, alternativas que consideró no forman parte de la estrategia oficial. El economista también señaló que parte del superávit fiscal se sostiene gracias a la reducción de subsidios y al aumento de tarifas, factores que continúan alimentando la inflación. “Nuestro pronóstico es que la inflación siga en estos niveles con un piso más o menos del 30% anual”, concluyó.
