Oscar Wilde, escritor irlandés del siglo XIX, dejó una frase sobre el amor en su obra ‘Un marido ideal’ (1895). La cita, pronunciada por un personaje, refleja una visión sobre el fin de los sentimientos románticos.
La literatura victoriana no podría entenderse sin Oscar Wilde (Dublín, 1854-París, 1900). Autor de obras como El retrato de Dorian Gray y La importancia de llamarse Ernesto, el escritor irlandés destacó por su inteligencia, su ingenio y una capacidad para retratar las contradicciones de la sociedad de su tiempo.
Novelista, poeta y dramaturgo, Wilde fue una de las mentes más brillantes de finales del siglo XIX. Defensor del esteticismo y de la libertad individual, desafió muchas de las convenciones de la rígida sociedad victoriana.
Entre sus frases más recordadas figura una reflexión sobre las relaciones sentimentales: “Cuando un hombre ha amado a una mujer, hará cualquier cosa por ella, excepto seguir amándola”, frase pronunciada en la obra de teatro Un marido ideal, estrenada en 1895.
El origen de la cita
La obra gira en torno a Sir Robert Chiltern, un político británico cuya reputación corre peligro cuando una mujer de su pasado, la señora Cheveley, amenaza con revelar un secreto que podría destruir su carrera: una transacción fraudulenta por la que vendió secretos de Estado al Barón Arnehim. Desesperado, Chiltern acude a su amigo Lord Goring, un aristócrata ingenioso y aparentemente despreocupado que intenta ayudar a su amigo.
Durante una conversación entre Goring y Mrs. Cheveley surge la cita. La mujer, que años atrás mantuvo una relación sentimental con él, intenta convencerlo para que se case con ella a cambio de entregarle una carta comprometedora que podría salvar a Chiltern del escándalo. En medio de la conversación, la señora Cheveley apela a los sentimientos que ambos compartieron: “Te quise. Y tú me quisiste. Sabes que me quisiste; y el amor es algo maravilloso. Supongo que cuando un hombre ha amado a una mujer, hará cualquier cosa por ella, excepto seguir amándola, ¿no?”. “Sí, excepto por eso”, respondió Lord Goring.
La reflexión resulta especialmente llamativa a la luz de la propia vida de Wilde. Casado con Constance Lloyd y padre de dos hijos, en el apogeo de su carrera se enamoró de Lord Alfred Douglas, un joven poeta de 21 años con el que mantuvo una intensa y controvertida relación. El romance provocó la persecución del marqués de Queensberry, padre de Douglas, que intentó separarlos. La disputa desembocó en uno de los procesos judiciales más célebres de la época.
Acusado de “indecencia grave” por su homosexualidad, Wilde fue condenado en 1895 a dos años de trabajos forzados. Durante su estancia en la prisión de Reading escribió De profundis, una extensa carta dirigida a Douglas en la que repasaba su relación y reflexionaba sobre el sufrimiento, el amor y la redención. Tras recuperar la libertad, abandonó Inglaterra y se instaló en Francia bajo el seudónimo de Sebastian Melmoth. Murió en París el 30 de noviembre de 1900, a los 46 años.
