La quinta entrega de la saga animada aborda el reemplazo de los juguetes físicos por dispositivos digitales. En Argentina, la industria del juguete registró una caída del 70% en rentabilidad en dólares y del 50% en unidades vendidas en la última década, según la Cámara Argentina de la Industria del Juguete.
La película Toy Story 5, dirigida por Andrew Stanton y a estrenarse el jueves próximo, presenta la historia de los juguetes Buzz y Woody, quienes son desplazados por la llegada de una smart tablet llamada Lilypad al hogar de su dueña, Bonnie. La trama muestra cómo la tecnología modifica las rutinas de juego y pone en segundo plano a los juguetes tradicionales.
En Argentina, la situación del mercado del juguete refleja una tendencia similar. Según fuentes del sector, en los últimos diez años la rentabilidad cayó un 70% en dólares y un 50% en cantidad de unidades vendidas. Matías Furio, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), afirmó: “Películas como Toy Story concientizan y ayudan a que los padres entiendan que depende mucho de ellos, y de poner un freno a la saturación de la tecnología, es urgente saber decir que no”.
Furio destacó la campaña #QueremosJuguetes, que posiciona al juguete como herramienta esencial, aunque reconoció que “no es la solución”. También señaló que “el juguete es desarrollo infantil y cognitivo, y los padres deben entender que la infancia está atravesando un momento bisagra”.
Además de la tecnología, la baja natalidad impacta en el sector. Según el Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral, desde 2015 cayó más de un 40% el número de nacimientos en Argentina. La tasa de fecundidad pasó de 2,3 hijos por mujer en 2010 a 1,4 en la actualidad, y en la Ciudad de Buenos Aires es de 0,9 hijos por mujer. Furio sostuvo: “La bajísima natalidad es la principal razón de la pronunciación de la caída de ventas”.
El pediatra Sergio Snieg, miembro del Comité Nacional de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), explicó que la caída del juguete físico responde a “un cruce entre lo demográfico (menos niños), la tecnología (el juguete digital) y la neurobiología del juego”. Snieg afirmó: “Un juguete de plástico o de madera requiere que el niño ponga el cuerpo, use la imaginación, tolere la frustración y active su propia dopamina de a gotas. La pantalla, en cambio, ofrece un tsunami de dopamina instantánea sin ningún esfuerzo físico”.
Juan García, dueño de la juguetería Turby Toy en San Martín, que lleva más de medio siglo en actividad, declaró: “Es escalofriante lo que está padeciendo el sector. Todos los meses se están despidiendo empleados”. García indicó que la plantilla laboral pasó de 90 a menos de 20 trabajadores en diez años. Agregó: “Los juguetes no están entre las veinte necesidades de la gente”.
Furio mencionó que la informalidad representa otro desafío: “Se estima que el 30% del mercado corresponde a juguetes sin certificación de seguridad, muchos ingresados por contrabando o a valores de dumping”. También señaló que Argentina cuenta con unas 2.800 jugueterías, aunque en los últimos dos años hubo cierres. Atribuyó la situación a la compra online, los impuestos, los salarios y los alquileres.
La socióloga y doctora en Ciencias de la Salud Manuela Gutiérrez analizó: “La caída en el consumo responde a cambios culturales y familiares más amplios. Los juguetes físicos deben reinventar su valor simbólico frente a experiencias digitales cada vez más inmersivas”. Gutiérrez consideró que “los juguetes son tecnologías culturales de la infancia que median la relación de les infantes con el mundo”.
La película concluye sin demonizar la tecnología, sino buscando un punto de equilibrio entre el juego físico y el digital. En Argentina, la industria del juguete enfrenta una crisis multifactorial que combina menor natalidad, avance tecnológico, informalidad y cambios en los hábitos de consumo.
