Manuel Adorni renunció a su cargo como jefe de Gabinete tras ser investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Su salida permitió al Gobierno recomponer la relación con los aliados legislativos y destrabar la agenda parlamentaria.
Manuel Adorni renunció a su cargo como jefe de Gabinete, en medio de una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito. La decisión del presidente Javier Milei de sostenerlo en el cargo había generado tensiones con los aliados en el Congreso, quienes exigían su salida para evitar una interpelación con moción de censura.
Según informaron fuentes legislativas, la presión del PRO y la UCR fue clave. El jefe de la bancada del PRO, Cristian Ritondo, advirtió al oficialismo que votarían la interpelación si el Gobierno no removía a Adorni. Los gobernadores aliados también condicionaron su apoyo, y la diputada cornejista Pamela Verasay acordó con Ritondo exigir el tratamiento del pedido en comisión.
En el Senado, la situación fue similar. La jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, aceptó inicialmente que el pedido de interpelación avanzara con mayoría absoluta, pero luego, tras un llamado de la Casa Rosada, pidió modificar el acta para exigir dos tercios. La vicepresidenta Victoria Villarruel no firmó la modificación.
La salida de Adorni se produjo luego de que, en su único informe de gestión ante la Cámara de Diputados, afirmara tener «los papeles al día» y declarara «no cometí ningún delito». Días después, al presentar su declaración jurada, se reveló que había omitido en 2023 más de 500 mil dólares.
Con la renuncia, el Gobierno busca retomar la agenda legislativa que estaba paralizada desde el 8 de marzo, cuando se conoció la presencia de la esposa de Adorni en una comitiva oficial.
