Un estudio de la Universidad Siglo 21 midió por primera vez el capital cerebral de los argentinos, encontrando una alta confianza en las capacidades propias, pero bajos indicadores en salud mental, sueño y actividad física.
Un equipo de investigadores de la Universidad Siglo 21 presentó una primera aproximación exploratoria al estado del capital cerebral en Argentina. El concepto, denominado Brain Capital, se refiere al conjunto de habilidades cognitivas y socioemocionales, junto con la salud cerebral, que una sociedad acumula y que le permite aprender, adaptarse e innovar.
El estudio se basó en una encuesta telefónica realizada a 1050 personas de entre 18 y 70 años, residentes en siete ciudades: Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán. El trabajo, firmado por la doctora en neuropsicología Fátima González Palau, organizó los resultados en tres ejes: habilidades cerebrales, salud cerebral y factores impulsores como educación, nivel socioeconómico, apoyo social y hábitos de vida.
Según los resultados, el 70% de los encuestados se siente capaz de aprender cosas nuevas, el 65% afirma concentrarse con facilidad en tareas importantes y el 56% se considera capaz de adaptarse a cambios o situaciones inéditas. Además, el 69% declara sentir acompañamiento de su entorno social, mientras que el 8% expresa soledad o falta de apoyo.
En cuanto a la salud mental percibida, solo el 53% la calificó como buena en el último mes. El 40% la describió como regular, el 5% como mala y el 2% como muy mala. El informe aclara que, al tratarse de un autorreporte, el dato refleja una percepción de bienestar y no una prevalencia clínica de trastornos.
En hábitos cotidianos, solo el 24% de los encuestados alcanza los 150 minutos semanales de actividad física recomendados por la Organización Mundial de la Salud. El 47% duerme menos de siete horas por noche y el 29% consume frutas y verduras a diario. El estudio señala que el sueño tiene un impacto directo sobre la cognición, el ánimo y la productividad.
González Palau explicó: “Los hábitos de vida son, paradójicamente, el componente más débil del capital cerebral argentino y, al mismo tiempo, el que más se puede cambiar. A diferencia de la salud mental o el acceso a oportunidades, son conductas modificables: pequeñas mejoras sostenidas en actividad física, sueño y alimentación pueden traducirse en ganancias concretas para la cognición, el ánimo y la productividad de las personas”.
La experta, directora del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, agregó: “Argentina tiene un capital cerebral con una base sólida: la gente confía en lo que puede hacer. El desafío entonces es dejar de desperdiciarla para capitalizarla. Hoy tenemos personas seguras de sus capacidades, pero esa confianza no alcanza su máximo potencial si no mejoran las condiciones de salud mental, sueño y alimentación que la sostienen e impulsan”.
