Un estudio publicado en Judgment and Decision Making halló que los relatos generados por inteligencia artificial recibieron mejores valoraciones de calidad y capacidad de absorción que los textos escritos por personas en pruebas con lectores adultos.
Un estudio publicado en la revista Judgment and Decision Making halló que los relatos generados por inteligencia artificial recibieron mejores valoraciones de calidad y capacidad de absorción que los textos escritos por personas, en pruebas realizadas con lectores adultos.
La doctora Deena Skolnick Weisberg, autora principal del trabajo y profesora de la Universidad Villanova en Pensilvania, sostuvo que ese resultado no vuelve prescindibles a los escritores humanos.
El estudio concluyó que, en sus pruebas, los participantes calificaron mejor los relatos creados con ChatGPT que los escritos por humanos, aunque también tendieron a puntuar más alto los textos cuando creían que su autor era una persona. El trabajo comparó relatos cortos de temática semejante y midió interés, absorción y calidad percibida.
En la primera prueba participaron 1.682 adultos. Cada uno leyó uno de seis relatos cortos. Tres textos habían sido escritos por humanos y tres por ChatGPT. Cada relato generado por inteligencia artificial tenía un tema similar al de uno escrito por una persona.
Los investigadores informaron a los participantes si el relato había sido escrito por un humano o por inteligencia artificial, aunque esa información no siempre era correcta. Después les pidieron evaluar cuán absorbente e interesante les había resultado el texto, además de su calidad.
Quienes leyeron un relato generado por inteligencia artificial le dieron notas más altas en absorción y calidad que quienes recibieron un texto humano. Aun así, la mera etiqueta de autoría también influyó en la percepción de los lectores.
Qué dice el estudio sobre la percepción de la autoría
Los participantes tendieron a valorar mejor los relatos que creían escritos por personas. Weisberg planteó que esa preferencia puede estar ligada a una búsqueda de autenticidad.
Al mismo tiempo, la investigadora señaló que los lectores parecieron preferir en la práctica los textos generados por inteligencia artificial porque eran más fáciles de leer y asimilar. También observó que una actitud más favorable hacia esta tecnología se asoció con notas más altas para los relatos atribuidos a ChatGPT.
“Los sistemas de inteligencia artificial ya pueden generar relatos cortos que se consideran al menos tan buenos como, e incluso mejores que, los escritos por humanos. Debemos actualizar en consecuencia nuestra visión sobre las capacidades de la IA”, resumió la autora en The Guardian.
Qué tan bien distinguen los lectores entre textos humanos y de IA
El equipo realizó dos experimentos adicionales con 905 adultos para medir si podían identificar la autoría. En esas pruebas, cada participante recibió dos relatos del mismo tema, uno humano y otro generado por inteligencia artificial.
En uno de los experimentos, los aciertos rondaron el 40%. En el otro, llegaron al 52%.
A partir de esos resultados, los autores sostuvieron que no hay pruebas generales de que los participantes pudieran distinguir entre relatos escritos por humanos y por inteligencia artificial. El estudio añadió que la experiencia declarada en ficción no mejoró la precisión, mientras que una mayor familiaridad con sistemas de IA sí mostró relación con ese desempeño.
Weisberg señaló además que la escritura producida por inteligencia artificial tiene un estilo propio que puede aprenderse a reconocer con práctica. Lo comparó con la capacidad de identificar la voz particular de distintos autores humanos.
Entre la creatividad humana y las críticas a la inteligencia artificial
Para Deena Skolnick Weisberg, estos resultados obligan a revisar lo que se da por hecho sobre la capacidad de la inteligencia artificial, pero no eliminan el valor de la creación humana. “Quizá tengamos que hacer espacio para novelas generadas por IA y para novelas escritas en conjunto por IA y humanos, pero eso no significa que ya no haya lugar para apreciar el proceso de la creatividad humana”, afirmó.
La investigadora añadió que las personas escriben como forma de expresión, de desafío personal o para dar sentido a sus experiencias. A su juicio, que una máquina produzca relatos parecidos a los humanos no altera esas funciones.
Frente a esa lectura, Luke Kennard, profesor de cine y escritura creativa en la Universidad de Birmingham, cuestionó el costo ético, material y cultural de estos sistemas.
“Como somos humanos, tendemos a personificar la inteligencia artificial y a imaginarla como una especie de robot luminoso con un rostro benigno y neutral, cuando en realidad no es más que código predictivo basado en una enorme base de datos robada de escritura real, alojada físicamente en centros de datos vastos, caros y destructivos, con repercusiones catastróficas para las comunidades de su entorno”, afirmó.
Kennard también rechazó la idea de que la inteligencia artificial sea una herramienta comparable a un corrector ortográfico o un diccionario de sinónimos. Aunque reconoció que puede producir textos coherentes y disfrutables, sostuvo que esa capacidad no justifica, a su juicio, el costo de su desarrollo.
