A dos años y medio de gestión, la administración libertaria acumula incumplimientos de promesas, una inflación que no cede y un creciente malestar social, según un análisis publicado en Semana Sur.
El filósofo Friedrich Nietzsche señaló que la mentira genera desconfianza. El pensador Eric Hoffer, por su parte, definió la desilusión como una quiebra del alma que gasta demasiado en esperanza. Estas ideas se aplican a la política: cuando un gobierno acumula pronósticos errados y promesas incumplidas, su relato pierde verosimilitud.
La administración libertaria, en sus dos años y medio de gestión, ha basado su estrategia en transmitir que el sacrificio actual tendría recompensa futura. Durante la campaña, se aseguró que los ciudadanos no pagarían el ajuste. Una mayoría considerable toleró esa contradicción inicial, esperando la recuperación prometida.
Los datos económicos recientes muestran que la inflación de julio fue del 2,1 por ciento, la inversión productiva se encuentra en descenso, y los salarios pierden contra el costo de vida. El consumo popular se contrae, lo que afecta la actividad y la recaudación fiscal. El equilibrio fiscal depende, según el análisis, de recortes adicionales y de medidas como el congelamiento de partidas viales.
El presidente Milei declaró que si la gente no llegara a fin de mes habría muertos en las calles. Mientras tanto, cerca de seis millones de argentinos registran deudas morosas. El Gobierno ha sugerido que el endeudamiento es un problema entre privados y que no intervendrá.
La credibilidad del presidente también se ha visto afectada por el caso de su exjefe de Gabinete, Guillermo Adorni, quien fue denunciado por presuntos consumos con tarjetas corporativas. La actitud del Gobierno ante estas acusaciones ha generado un daño en su imagen, según los relevamientos de opinión pública.
El análisis menciona que la mayoría de los ciudadanos desaprueba la gestión y considera que el Gobierno no puede ni quiere modificar el rumbo. La desconfianza se extiende también a los mercados, que no ven con claridad la evolución del riesgo país.
El Gobierno mantiene una postura de confrontación con sectores de la ciencia, la universidad y la cultura. Esta actitud, que inicialmente generó simpatía en algunos sectores, hoy provoca rechazo en otros.
Las próximas elecciones legislativas se celebrarán en catorce meses. El humor social es volátil, y el núcleo duro del oficialismo se mantiene intacto. La oposición, por su parte, no presenta alternativas claras.
La pregunta que subyace es si el Gobierno podrá ofrecer nuevas promesas cuando las anteriores no se han cumplido. La respuesta, según el análisis, es que solo los hechos concretos podrán revertir la desconfianza.
