El catedrático de Psicobiología y responsable de la sección de Neurociencia Cognitiva del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, Manuel Martín-Loeches, respondió a preguntas sobre definición de inteligencia, inteligencias múltiples, maduración cerebral, impacto de la vida digital y vínculo entre inteligencia y emociones.
El catedrático de Psicobiología y responsable de la sección de Neurociencia Cognitiva del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, Manuel Martín-Loeches, respondió a preguntas sobre definición de inteligencia, inteligencias múltiples, maduración cerebral, impacto de la vida digital y vínculo entre inteligencia y emociones.
Según datos de la OCDE, el desarrollo cognitivo temprano se encuentra fuertemente condicionado por el entorno en los primeros años de vida, con impactos que pueden extenderse durante toda la trayectoria educativa. Investigaciones en neurociencia cognitiva muestran que las áreas cerebrales vinculadas a la emoción y al razonamiento se encuentran estrechamente conectadas.
En una entrevista, Martín-Loeches sostuvo que la inteligencia es “la capacidad para aprender, tomar juicios y solucionar problemas de una manera general”. También citó una definición atribuida al psicólogo Carl Bereiter: “la inteligencia es aquello que usás cuando no sabés lo que tenés que hacer”.
Consultado sobre las inteligencias múltiples, afirmó que el número de ocho propuesto por Howard Gardner “carece de una base empírica clara”. Explicó que los datos disponibles muestran correlaciones entre distintas capacidades cognitivas y que resulta “más apropiado hablar de capacidades o aptitudes que de inteligencias independientes”.
En relación con la maduración cerebral y las nuevas generaciones, indicó que “los cerebros que tardan más en madurar alcanzan niveles de complejidad mayores” y que el cerebro humano completa su maduración entre los 21 y los 25 años. No obstante, aclaró que “un desarrollo más lento no garantiza automáticamente un mejor resultado”.
Sobre el efecto de la vida digital en la inteligencia, sostuvo que “forma parte de las experiencias que moldean el cerebro” y que su impacto dependerá de la calidad y diversidad de las interacciones. Señaló que una vida excesivamente mediada por pantallas puede empobrecer ciertos aspectos de la experiencia sensorial.
Respecto del ambiente y las condiciones de nacimiento, afirmó que el impacto es “enorme” y que durante los primeros tres o cuatro años de vida se desarrollan las áreas primarias de la corteza cerebral, vinculadas a la percepción y al movimiento. La calidad de los estímulos y la alimentación resultan determinantes para el desarrollo posterior.
En cuanto a la relación entre inteligencia y emociones, declaró que “las áreas cerebrales implicadas en ambos procesos se encuentran conectadas de forma directa”. Afirmó que “las personas con mayor inteligencia suelen mostrar un mejor conocimiento de sus emociones y una mayor capacidad para regularlas, aunque existen excepciones”. Mencionó el concepto de granularidad emocional como la capacidad de identificar y nombrar con precisión distintos estados emocionales.
