El gobernador Osvaldo Jaldo calificó como ‘pollerudo’ al senador Juan Manzur tras su visita a Cristina Fernández de Kirchner. La disputa expone la fractura de la sociedad política que gobernó la provincia.
El viernes 25 de septiembre, el senador nacional Juan Manzur publicó en la red social X una fotografía tomada en la puerta de San José 1111, el departamento de Constitución donde Cristina Fernández de Kirchner cumple prisión domiciliaria. En la publicación, Manzur se refirió a la realidad del país, a las economías regionales y a Tucumán.
El lunes, el gobernador Osvaldo Jaldo respondió en el cierre de una conferencia de prensa: «El senador, viéndose en la debilidad política, fue en busca de una pollera. Es un pollerudo». La frase se difundió en minutos.
Jaldo también cuestionó la ausencia de Manzur en la votación del Senado por la ley de Zonas Frías, que recorta subsidios a la electricidad.
De socios a rivales
Jaldo y Manzur se enfrentaron en la interna de 2021, sellaron una tregua y, cuando Alberto Fernández designó a Manzur como jefe de Gabinete, Jaldo quedó a cargo del Ejecutivo provincial. En 2023 armaron la fórmula de unidad, pero la inhabilitación de Manzur para competir como vice terminó con Miguel Acevedo en su lugar. En las legislativas de 2025 hubo otro acuerdo de último momento para intercalar candidatos en la lista. Para el manzurismo, esa fue la gota que rebalsó el vaso.
El punto de quiebre definitivo tiene nombre y apellido: Javier Milei. Jaldo eligió el diálogo con la Casa Rosada y sus legisladores acompañaron iniciativas del oficialismo nacional. Manzur, en cambio, se paró en la vereda de enfrente. «Le voté todo en contra, absolutamente todo», repite el senador, que en una entrevista confirmó la ruptura total con el gobernador y con Acevedo, y se quejó de que buena parte del peronismo que llevó a Jaldo al poder hoy está afuera, mientras los opositores derrotados en las urnas ocupan despachos en la Casa de Gobierno.
Caniches y gatos
La escalada verbal viene de antes de la pollera. Jaldo ya había desafiado a su antecesor y tildado de «caniches» a los dirigentes de su entorno: «Lo espero a él y a sus caniches el 9 de mayo de 2027 en las urnas». Manzur contestó desde Concepción: «Si Jaldo le vota todo a Milei, significa que Milei tiene dos candidatos en Tucumán: uno es Catalán y el otro es Jaldo. El peronismo tucumano les va a ganar a los dos juntos».
El jaldismo salió en bloque. Morof, alfil del gobernador, ironizó que el gobernador «se equivocó de animal» porque Manzur, en vez de caniches, «está rodeado de gatos». Y desde el oficialismo provincial dejaron otra definición: gritando contra Milei desde el Obelisco no se resuelven los problemas de los tucumanos.
Rumbo a 2027
Del otro lado, Pablo Yedlin se convirtió en uno de los principales laderos del senador y en la voz que reclama un peronismo nacional unificado. El dirigente Juri Debo fue más lejos y anticipó que habrá dos listas: «Ir a la interna es entregarse», dijo, convencido de que el aparato del Estado juega a favor del gobernador. También le recordó a Jaldo que su cuna política no es el riñón peronista sino Vanguardia Federal.
En ese tablero, la visita a Cristina funciona como un mensaje de doble vía: hacia adentro, Manzur busca el sello del kirchnerismo para construir un perfil opositor a Milei; hacia afuera, se anota en la discusión por el PJ nacional. En la Casa de Gobierno lo leen al revés: aseguran que el senador ya jugó sus cartas y que sufre un goteo de dirigentes que prefieren el cobijo del poder territorial.
Con Jaldo lanzado a la reelección y Manzur decidido a pelearle la gobernación, lo que durante años fue una alianza de conveniencia se transformó en una guerra abierta. Faltan siete meses para las urnas y el peronismo tucumano ya eligió cómo transitarlos: a los gritos, con insultos de cancha y con Cristina en el medio.
