A menos de un mes de los comicios legislativos, el partido republicano dispone de más de u$s1.000 millones para publicidad, aunque parte de esos fondos se destinaron a espacios contratados a tarifas elevadas.
Estados Unidos entra en el sprint final de las elecciones de medio término, pactadas para el martes 3 de noviembre. Los republicanos ingresaron en el último mes de la campaña con una preocupación concreta: que los más de u$s1.000 millones que tienen disponibles no sean suficientes para evitar fuertes pérdidas electorales.
El presidente estadounidense, Donald Trump, llega en un momento convulsionado para su imagen, con varios frentes de batalla abiertos; las consecuencias económicas y sociales de la guerra con Irán; el reciente salto en los precios del gasoil; el debate sobre la seguridad de la IA y su guerra con la prensa.
El partido republicano cuenta con una ventaja financiera que está distribuida entre media docena de grupos y tiene a MAGA Inc., el comité afín a Trump, como uno de sus principales protagonistas. La organización contaba con casi u$s416 millones en efectivo a finales de agosto y aceleró su gasto en las principales contiendas durante septiembre.
El problema para los republicanos es que buena parte de ese dinero llegó tarde. Al reservar espacios publicitarios cuando faltaba poco para las elecciones, los grupos vinculados a Trump quedaron expuestos a tarifas mucho más elevadas que las que habían conseguido quienes contrataron publicidad meses antes.
Cuatro funcionarios republicanos vinculados a campañas para el Senado señalaron a Associated Press que los grupos que reservaron tiempo de emisión durante la primavera pasada pagaron tarifas considerablemente inferiores a las de MAGA Inc. y sus organizaciones asociadas. En algunos casos, los grupos vinculados al presidente están pagando más de cinco veces lo que habrían desembolsado si hubieran cerrado esos espacios con anticipación.
Desde MAGA Inc. defendieron la estrategia y aseguran que, de haberse llevado adelante las campañas de otra manera, se habrían complicado aún más algunas batallas electorales.
Uno de los casos que mejor expone la magnitud del desembolso es Texas. En el marco de la campaña, Trump viajará el miércoles por segunda vez en una semana para respaldar la candidatura al Senado de Ken Paxton.
Texas es un bastión republicano donde no se elige a un senador demócrata desde 1988. Sin embargo, MAGA Inc. destinó más de u$s22 millones a publicidad en el último mes, según AdImpact.
La magnitud del gasto también se observa en Texas PAC, un grupo alineado con el líder de la mayoría del Senado, John Thune. La organización desembolsó más de u$s83 millones en publicidad durante el último mes para proteger un escaño que, en condiciones normales, es considerado seguro para los republicanos.
Uno de los anuncios difundidos por el grupo tuvo como protagonista a la esposa separada de Paxton, quien expresó su respaldo a toda la fórmula republicana. El aviso fue emitido en todo Estados Unidos durante el fin de semana pasado, en el marco de un partido de fútbol americano entre los Dallas Cowboys y los Houston Texans.
MAGA Inc., que concentra sus avisos principalmente en plataformas de streaming, pagó en promedio unos u$s894 por emisión, de acuerdo con AdImpact. Texas PAC desembolsó aproximadamente u$s809 por una combinación de televisión y streaming.
A modo de comparación, la campaña del demócrata James Talarico pagó cerca de u$s290 por una combinación similar.
La campaña de 2026 será un punto crucial en la segunda gestión de Trump, no solo porque reconfigurará la composición de ambas cámaras en el Congreso, sino que también reflejará directamente cuánto puede influir en el resultado el dinero.
Mientras Trump promete otorgar u$s5.000 dólares a cada ciudadano adulto si gana la mayoría en ambas cámaras, los demócratas hacen bandera de su desventaja financiera y apuestan al rechazo al presidente entre los votantes y a mensajes centrados en temas puntuales, como la corrupción.
Del lado republicano, incluso algunos dirigentes admiten que resulta difícil revertir una campaña complicada cuando queda tan poco tiempo para votar, aun con una enorme capacidad de gasto.
El experimentado encuestador republicano Neil Newhouse cuestionó el momento elegido para utilizar los recursos: “Después del recuento de votos, creo que descubriremos que la publicidad más efectiva para comunicar el mensaje e influir en los votantes y las encuestas fue la que se realizó mucho antes del Día del Trabajo, no después (…) un millón de dólares en publicidad en octubre es una gota en el océano”, aseguró en una entrevista a AP.
Las elecciones de mitad de mandato de 2026 serán, además, las primeras elecciones nacionales desde que la Corte Suprema eliminó en junio los límites sobre cuánto pueden gastar los partidos políticos en coordinación con candidatos al Congreso y a la presidencia. La decisión sumó todavía más recursos a un sistema electoral que ya maneja grandes volúmenes de dinero.
Que el volumen de fondos disponible no asegura, por sí mismo, un resultado electoral favorable es algo que Estados Unidos ya comprobó en la historia reciente.
Kamala Harris, vicepresidenta durante la gestión de Joe Biden, llegó a la recta final de la campaña presidencial de 2024 con una ventaja financiera considerable sobre Trump, pero terminó perdiendo tanto los estados clave como la elección presidencial. Los u$s25 millones aportados por Elon Musk tampoco alcanzaron para que su candidato preferido obtuviera un lugar en el Tribunal Supremo de Wisconsin el año pasado.
Frente a un escenario electoral adverso, Trump vuelve a recurrir a una de sus principales fortalezas políticas: la relación construida durante años con su base electoral.
En las últimas semanas, el mandatario estadounidense intensificó sus actos de campaña y recorrió territorios tradicionalmente republicanos para movilizar a los votantes más fieles. En eventos como el realizado el último fin de semana en Vandalia, Ohio, sus seguidores respondieron con entusiasmo a algunas de las frases que se convirtieron en marcas registradas de sus discursos, especialmente cuando utiliza palabrotas.
El lunes, durante un discurso en Grand Island, Nebraska, Trump volvió a pedir a sus seguidores que se comporten como si él mismo estuviera nuevamente en la boleta electoral: “En realidad, estoy corriendo. Tenemos que seguir adelante”, sentenció.
