domingo, 31 agosto, 2025
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Presidente tóxico

Continúa de ayer: “El problema”

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“Allí donde esté tu tesoro, allí va a estar tu corazón” (Mateo 6:21. versículo de la Biblia).

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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

La cita me la envía un colega a partir de mi columna de ayer sobre Milei, donde comencé diciendo: “Siempre pensé que no se alcanza a saber bien lo que no se ama”.

El colega apela a ese versículo también para referirse a Milei: “La frase indica que donde ponés tu atención, tu dedicación, tus deseos, ahí está tu corazón, que es tu anhelo de felicidad. Es una enseñanza y una advertencia. Ojo donde ponés tu tesoro. Vale para lo que contás en tu columna, Milei tiene su tesoro en el lugar equivocado”.

El problema –así justo se tituló la columna de ayer– que representa Milei, y más allá de él mismo, es que Milei presidente es el síntoma de nuestra dolencia social. Desplazamos nuestra patología en alguien patológico. Empatizamos con alguien trastornado para depositar en él nuestro trastorno y tener dentro de algún tiempo, cada vez más cercano, otro chivo expiatorio a quien culpar y, sobre todo, exculparnos.

Milei con la banda presidencial, el bastón de mando y los granaderos como escolta es el mejor significante de nuestro padecimiento. Ayer cité la neurosis de destino que lleva al autoboicot como forma de autocastigo, eternos Sísifos imponiéndonos derrumbes para volver a subir desde el subsuelo culpando a un otro como consuelo, sabiendo que nadie es solo agente del todo ni todos solo pacientes del agente. Como si nos mereciéramos Milei por lo que hicimos con la Argentina en los últimos 15 o 50 años, dependiendo la edad de cada ciudadano. Es el castigo que nos imponemos porque en el fondo sabemos que nuestro odio al otro, al peroncho o al gorila, no es más que odio hacia nosotros mismos.

A Milei lo hicimos nosotros por querer romper al otro rompiéndonos todos. Hoy con banda, bastón de mando y granaderos es un presidente tóxico.

No somos tan malos y deberíamos dejar de castigarnos tratando de castigar al otro. Recuerdo cuando con la agudeza y capacidad comunicativa de siempre Carlos Melconian definió al Milei candidato incipiente como “el rompehielos Almirante Irízar” porque sus ideas extremas en economía ayudarían a correr al centro un debate económico demasiado volcado a la heterodoxia. O sea, un rompekirchnerismo económico para que luego pueda venir una lógica económica equilibrada. Recuerdo también cómo desde el peronismo se financiaba a Milei para que fuera un rompe-Juntos por el Cambio, y Milei terminó rompiendo a ambos, al peronismo y a Juntos por el Cambio.

A Milei lo hicimos nosotros por querer romper al otro rompiéndonos todos. Hoy Javier Milei con la banda presidencial, el bastón de mando y los granaderos como escolta es un presidente tóxico. Su discurso ya no sirve para debilitar al kirchnerismo ni para debilitar al antiperonismo. Ya rompió, ya se rompieron solos, y está roto él mismo. Lo que queda ahora es un discurso tóxico, oral y simbólico, que contamina.

Valores antihumanistas, violencia en palabras y gestos, reivindicación de la agresividad como atributo necesario para la acción y del ensañamiento como herramienta disciplinadora, además de desprecio por el diferente.

Aquel candidato que con su discurso extremo capturaba la atención de parte de los jóvenes, obligando al resto a una reflexión intergeneracional, con la investidura presidencial se convirtió en un problema de Estado.

El problema es mucho mayor que el tipo de plan antiinflacionario que se aplica, el problema está en la forma de explicarlo, en los argumentos que se utilizan para defender las políticas del Gobierno, en la brutalidad expositiva, el salvajismo oral y kinestésico, en la furia que irradia y contagia.

En nada bueno puede terminar aquello cuyo combustible se abastece de ferocidad. Esto no es la forma, esto es el fondo. El modo es la esencia. Era tan evidente que no haberlo visto, no haber querido verlo, no habla de sus problemas sino de nuestros problemas. No finge demencia el demente, sino quienes observan al demente no como tal.

Fingir demencia también es tóxico, naturaliza el desvarío, procrastina la acción sanadora. Así como en 2023 peronismo y antiperonismo usaron a Milei para romper al otro, ahora miran para el costado dejando que el tiempo pase y el Presidente se consuma en su propia salsa. Hoy nadie querría hacerse cargo, 2027 es el horizonte de todos pero nadie sabe cómo se atravesará 2026.

Cuando se está en el laberinto, hay que salir por donde se ingresó. Si Milei es el resultado de la intención del peronismo y antiperonismo de romper al otro, la solución estaría en lo inverso, en el acuerdo de ambos sectores.

La profundización del desacuerdo fue lo tóxico, Milei es solo su paroxismo. Queda desandar lo andado recorriendo hacia atrás, como el hilo de Ariadna, para salir del laberinto. Nuestro Minotauro no tiene cabeza de toro sino de león, o cree tenerla, o sus seguidores creen que la tiene.

Las próximas elecciones son parte de ese recorrido, una estación en la terapia de desintoxicación social. El Congreso que asuma el 10 de diciembre tendrá parte de esa responsabilidad, primero los ciudadanos al eligir en octubre a los legisladores; en paralelo los jueces, los periodistas, los empresarios, los dirigentes de todos los ámbitos como actores principales de la recuperación que precisa el organismo social para dejar atrás la iracundia que corporiza Milei, y en parte nos representa. No está allí por él, está allí por nosotros. El problema no es Karina, Lule o Martín Menem sino aquello que les creó las condiciones de existencia.

Otro síntoma de nuestra rendición cognitiva es haber aceptado la palabra casta como significante del problema. La palabra casta es una trampa, ella misma es tóxica porque estigmatiza lo que es imprescindible, no hay sistema sin mando, comando y control. Sin dirigencia, técnicos ejecutores y burocracia que administre. No hay topo desde dentro del Estado destruyéndolo, no hay sociedad sin Estado, esa sola frase de un presidente votado refleja la confusión de los votantes.

El topo no viene a destruir desde dentro el Estado sino el espacio soporte donde procesar los conflictos, establecer intercambios y regular vínculos recíprocos entre personas, espacio necesario también para desarrollar vínculos afectivos. Lo que viene a destruir el topo desde dentro es la cultura.

Milei, por su propia capacidad autodestructiva, dejará de ser el problema. El problema a corregir no es él sino nosotros.

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