La cineasta argentina estrena un documental que investiga durante más de una década el caso del cacique Javier Chocobar y el reclamo territorial de la comunidad Chuschagasta, proponiendo una reflexión sobre la percepción y la verdad.
Lucrecia Martel, una de las directoras más destacadas del cine contemporáneo argentino, estrena su nuevo trabajo documental titulado ‘Nuestra tierra’. El proyecto, que demandó catorce años de investigación, se centra en el asesinato del cacique Javier Chocobar y en la lucha por el territorio de la comunidad indígena Chuschagasta, en la provincia de Tucumán.
La película, que comenzó a gestarse a partir de un video encontrado durante la producción de su anterior filme ‘Zama’, se construye a través de un vasto archivo de materiales. Con guión coescrito junto a María Alché, el documental se aleja de la transparencia narrativa para instalar una fricción entre imagen, sonido y relato, desafiando las certezas que suelen ofrecer los registros judiciales y los archivos históricos.
En una entrevista, Martel reflexionó sobre el contexto actual: «Definitivamente creo que asistimos al ocaso de un imperio, el norteamericano, y naturalmente su desvanecimiento coincide con el momento en que toda la humanidad comprende que el progreso que nos trajo hasta acá era un pasillo estrecho hacia el abismo». La directora agregó que, en sus días optimistas, siente que «estamos en el día anterior a decir basta señores, así no, guerra no, masacrar pueblos no, arruinar el planeta no».
Para Martel, el cine posee una capacidad única para abordar las injusticias: «En un mundo agotado de formas del lenguaje… llega el cine para ofrecer su corazón: la sinfónica capacidad de generar pensamientos mediante imágenes y sonidos». ‘Nuestra tierra’ representa precisamente esa apuesta: una experiencia fílmica que invita a repensar la relación entre percepción, verdad y narración, más allá de las respuestas inmediatas que caracterizan a gran parte de la discusión pública actual.
