La secretaria general de la Presidencia y la senadora libertaria comparten una relación de respeto mutuo pero con tensiones, especialmente en torno al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y la senadora Patricia Bullrich son dos de las figuras femeninas más influyentes del oficialismo. Su vínculo, que ha transitado por distintos momentos desde los inicios del espacio libertario, hoy se encuentra en una etapa de cautela y necesidades políticas compartidas.
Karina Milei, a quien el presidente Javier Milei suele llamar “El Jefe”, ejerce una fuerte influencia en la gestión diaria. Por su parte, Bullrich, exministra de Seguridad y excandidata presidencial, aporta experiencia política y buena imagen en las encuestas. Ambas se necesitan políticamente, pero no existe una confianza plena entre ellas.
La situación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por sus viajes y patrimonio, ha generado un nuevo punto de fricción. Mientras Karina Milei respalda a su funcionario de confianza, Bullrich ha expresado en privado su malestar y, en público, exigió que Adorni presente “de inmediato” su declaración jurada. En una entrevista con A24, la senadora señaló que es importante para él y para el Presidente que el tema se aclare lo antes posible.
Según fuentes consultadas, Bullrich sospecha que ciertas filtraciones mediáticas en su contra podrían haber surgido del entorno de Adorni, incluso con el aval de Karina Milei. Sin embargo, ambas mantienen un trato respetuoso y evitan enfrentamientos directos. La senadora busca sostener una relación sin rodeos, mientras que la secretaria general prioriza a sus lealtades más cercanas.
El vínculo se tensó después de que Bullrich dejara el Ejecutivo para competir como senadora por la Ciudad de Buenos Aires, un movimiento que los Milei impulsaron. Desde entonces, la figura de Adorni, cercano a Karina, ha crecido, generando roces subterráneos. A pesar de las diferencias, fuentes del oficialismo coinciden en que ambas se respetan y que, por ahora, la convivencia es funcional para el espacio político.
