El diplomático argentino Rafael Grossi avanza en su postulación para ser el próximo secretario general de la ONU, con el respaldo de Estados Unidos y Rusia, aunque la falta de pago de Argentina al organismo y la posición de otros miembros del Consejo de Seguridad generan incertidumbre.
El gobierno de Javier Milei ha intensificado sus gestiones para impulsar la candidatura de Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), como próximo secretario general de las Naciones Unidas. Sin embargo, el entusiasmo inicial se enfrenta a varios obstáculos, entre ellos la deuda que Argentina mantiene con la ONU y la postura de países clave como Francia, China y, especialmente, Reino Unido.
Grossi, quien fue nominado recientemente por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, ha recibido elogios de Estados Unidos y Rusia. El portavoz de Vladimir Putin, Dmitri Peskov, expresó que Rusia tiene una “buena opinión” del diplomático argentino, mientras que la administración de Donald Trump ha mostrado objeciones hacia otras candidatas, como la expresidenta chilena Michelle Bachelet.
A pesar de estos apoyos, la relación con Reino Unido es un punto delicado. Grossi afirmó que ha trabajado con Londres durante años en temas sensibles y que ha mantenido una relación profesional, pero fuentes diplomáticas reconocen que la postura británica es “la gran preocupación” debido al conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas.
Por otro lado, China ha señalado que “estaría muy feliz de ver” a una mujer al frente de la ONU, lo que podría interpretarse como un respaldo a las candidaturas de Rebeca Grynspan (Costa Rica) o Michelle Bachelet. El cuarto candidato en disputa es el expresidente de Senegal, Macky Sall.
El gobierno argentino creó una unidad especial en la Cancillería, liderada por el subsecretario de Política Exterior, Juan Manuel Navarro, para coordinar la campaña. No obstante, Grossi busca desmarcarse de la imagen de ser “el candidato de la derecha internacional” y evitar quedar asociado únicamente con el gobierno de Milei y el trumpismo.
El proceso de selección será llevado a cabo por el Consejo de Seguridad, compuesto por cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) y diez no permanentes, entre ellos Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá, Somalia, Bahréin, Colombia, Congo, Letonia y Liberia. El Consejo deberá recomendar un candidato a la Asamblea General, aunque la falta de consenso podría abrir la puerta a un “tapado”.
