La historia de la curación de una recién nacida en Tucumán, considerada inexplicable por la ciencia, fue clave en el proceso que llevó a la beatificación del fraile catamarqueño.
El doctor Carlos Juárez, especialista en ortopedia y traumatología infantil, recuerda el caso de Emma, una beba nacida el 20 de noviembre de 2015 que llegó a su consulta en el Sanatorio 9 de Julio de Tucumán con una grave infección. Lo que parecía una artritis séptica resultó ser una osteomielitis que afectó el fémur y el tobillo. A pesar de cuatro cirugías y tratamientos antibióticos, el estado de la paciente empeoraba.
El pronóstico era desalentador: se preveía la necesidad de extirpar gran parte del fémur. Sin embargo, en medio del proceso, ocurrieron hechos que el médico describe como inusuales. Las muestras de biopsia enviadas al laboratorio se extraviaron en tres ocasiones, retrasando una intervención radical. El 18 de diciembre, una cuarta muestra fue enviada a un laboratorio de confianza, pero también se perdió.
Paralelamente, familiares y allegados iniciaron una cadena de oración y colocaron una estampa de Fray Mamerto Esquiú junto a la cuna de Emma. El 7 de enero de 2016, sin el resultado de la biopsia, el doctor Juárez no pudo operar. Días después, una nueva radiografía mostró una mejora inesperada. La infección había remitido y el hueso comenzaba a regenerarse. Hoy, Emma corre y juega sin secuelas.
El caso fue presentado ante el Vaticano como un milagro atribuido a la intercesión de Fray Mamerto Esquiú, fraile franciscano nacido en Catamarca en 1826. Esquiú fue una figura clave en la historia argentina: el 9 de julio de 1853 pronunció el Sermón de la Constitución en la catedral de Catamarca, defendiendo la unidad nacional y el respeto a la ley. Ese discurso le valió el apodo de “el fraile de la Constitución”. Su beatificación fue aprobada tras reconocerse la naturaleza inexplicable de la curación de Emma.
