La Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, Tributario y de Relaciones de Consumo de la Ciudad revocó por unanimidad la medida cautelar que impedía la construcción del templo de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días. El proyecto contempla espacios verdes y ceremonias privadas, pero enfrenta objeciones de organismos patrimoniales.
La Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, Tributario y de Relaciones de Consumo de la Ciudad revocó por unanimidad la semana pasada la medida cautelar que regía sobre el proyecto de construcción del templo de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días en el microcentro porteño. El templo se erigirá en un predio de la manzana delimitada por la avenida Córdoba y las calles Viamonte, Reconquista y San Martín, donde se encuentra la histórica iglesia de Santa Catalina de Siena, construida en 1745.
Desde la institución religiosa explicaron que el diseño interior del futuro templo buscará combinar espiritualidad, privacidad y convivencia urbana. “La mayoría de los templos tienen una similaridad. Puede variar un poco los materiales, los colores, pero básicamente el uso de las salas y los salones son todos parecidos”, señalaron. A diferencia de las capillas habituales, el templo estará destinado exclusivamente a ceremonias consideradas sagradas, como el matrimonio por la eternidad y la unión de la familia. “En los templos las personas y las familias reciben promesas espirituales muy importantes”, puntualizaron.
El interior contará con espacios ceremoniales distribuidos en varios salones, lo que permitirá actividades simultáneas sin grandes concentraciones de público. “No será un lugar en el que se recibirá gran cantidad de miembros. No perturbará el entorno”, sostuvieron. Entre los espacios más importantes figura el bautisterio, donde se realizarán bautismos por inmersión en ceremonias privadas. También habrá salones de instrucción religiosa y salas de “sellamiento”, como llaman los miembros a la unión espiritual del matrimonio y las familias.
El proyecto contempla que cerca del 60% del terreno será destinado a una plaza pública y espacios verdes abiertos, con el objetivo de preservar el entorno del convento e iglesia de Santa Catalina de Siena. “La plaza y el lugar verde que la Iglesia va a ofrecer a la comunidad van a ser una especie de lugar de meditación, de recogimiento, un lugar de paz en esa zona de Buenos Aires”, remarcaron.
La Subcomisión de Patrimonio de la Comisión Nacional de Monumentos emitió un dictamen que desaconseja avanzar con el proyecto tal como está planteado. El arquitecto y presidente de la Subcomisión, Fernando Gabriel Ferreyra, afirmó que el templo “es incompatible con la preservación del monasterio y de su entorno. Implica riesgos estructurales graves, afectación del microclima, impacto visual negativo y destrucción del patrimonio arqueológico”. El dictamen propone frenar el desarrollo inmobiliario para priorizar la recuperación arqueológica del terreno y transformar el predio en un área de amortiguación.
Por otro lado, desde el jueves 14, la iglesia de Santa Catalina de Siena está en riesgo estructural. Sus autoridades denunciaron la aparición de grietas en su interior y apuntaron a los trabajos de peatonalización que el gobierno porteño ejecuta sobre la calle Viamonte. El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, se hizo presente el miércoles 20 y celebró la misa en la vereda. García Cuerva sumó el histórico rechazo del arzobispado a la construcción del templo mormón. “Si peatonalizar la calle Viamonte generó este tipo de rajaduras, no quiero ni imaginarme lo que puede generar otra edificación importante en la misma manzana”, alertó. Aclaró que su postura no se debe a una rivalidad religiosa: “Si fuese una iglesia católica, tendría la misma opinión. En una manzana colonial no es bueno ningún tipo de construcción. Hay que tener en cuenta que estos edificios coloniales no tienen cimientos y, por lo tanto, requieren una preservación mucho más cuidadosa”.
