Un informe del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la UNC revela que la crisis económica en Córdoba se manifiesta con sobreocupación, pluriempleo y un creciente endeudamiento para cubrir necesidades básicas, en contraste con la baja de la inflación y la pobreza anunciada por el gobierno nacional.
Un equipo de dieciséis investigadores del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) publicó el informe «Trabajar más, llegar menos: nuevas dinámicas de la crisis actual en Córdoba», en el que analiza la situación económica de los hogares del Gran Córdoba. El estudio aborda la brecha entre los indicadores macroeconómicos y la experiencia cotidiana de las familias.
Según el informe, la tasa de desempleo en el área osciló entre el 6,4% y el 7,9% entre el cuarto trimestre de 2024 y el cuarto trimestre de 2025, muy por debajo del 14,4% registrado en 2004 tras la crisis de 2001-2002. Sin embargo, los investigadores señalan que la crisis actual no se manifiesta con desempleo masivo ni piquetes, sino con sobreocupación y pluriempleo.
Gonzalo Assusa, codirector del proyecto de investigación radicado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC, afirmó: «Hoy por hoy la apropiación del ciclo de las finanzas es una fuerza que está organizando el modo en el que viven de manera muy distinta las familias y los hogares en esta sociedad».
El estudio indica que los hogares de Clase Media y Clase Trabajadora registran tasas de sobreocupación de entre el 25% y el 30%, con sostenes de hogar que trabajan más de 45 horas semanales. En la Clase Media B, el pluriempleo alcanza el 27%, y casi uno de cada cuatro trabajadores tiene dos o más empleos.
Assusa declaró: «No se trata solamente de tener un trabajo full time para vivir. El trabajo full time no está alcanzando. No solamente el trabajo full time históricamente empobrecido y precarizado, sino trabajo full time en el Estado, en el Conicet, en la universidad».
El informe documenta un proceso de financiarización de los hogares: entre 2021 y 2025, la proporción de hogares que compró en cuotas o al fiado aumentó del 51% al 61,9%, mientras que en 2004 era del 32%. Los hogares que solicitaron préstamos bancarios se duplicaron, pasando del 8,3% al 16,8%. El índice general de financiarización del consumo —que incluye ahorros, venta de pertenencias, préstamos y compras en cuotas— se duplicó en 2025 respecto a veinte años atrás.
Assusa señaló: «Cada vez más hogares estén comprando ya no ropa, ya no electrodomésticos, sino alimentos con la tarjeta de crédito y en cuotas». Distinguió entre «deudas de capitalización» (como un crédito hipotecario) y «deudas de subsistencia» (para cubrir necesidades básicas), y afirmó que esto último «no es un nivel de endeudamiento que habla de crecimiento económico. Habla de precarización de la vida».
El estudio describe un «triple trabajo» en los hogares: conseguir dinero, aprender nuevas formas de gestionarlo y hacerlo rendir. Assusa explicó: «Toda la energía mental cuesta: qué día hay descuento para tal cosa, qué me conviene comprar, qué me conviene no pagar. ¿Me conviene no pagar los impuestos para tener esa plata en el bolsillo y después pagar moratoria con el aguinaldo?».
La investigación clasifica a los hogares en cinco posiciones sociales —Clase Media A, Clase Media B, Clase Trabajadora, Precariado A y Precariado B— según capital económico, capital cultural e inserción laboral, incorporando edad, género y configuración familiar. En la Clase Media B, el 74% compró en cuotas o al fiado, mientras que en el Precariado A la cifra fue del 50%. La proporción de hogares que recurrió a ahorros para gastos mensuales creció del 34,1% en 2023 al 39,6% en 2025.
Los hogares con sostenes jóvenes son mayoritariamente inquilinos (61% en Clase Media B, 44% en Precariado B), mientras que los de mayor edad suelen ser propietarios. El 18% de los hogares de Clase Media A cobra ingresos por alquiler. Assusa describió que en la base de la pirámide social «personas que trabajaron toda su vida… tienen muy bajos ingresos, no pueden recurrir ni siquiera a los mecanismos de financiarización y tienen que elegir entre comprar remedios o prender la calefacción».
El informe refuta el argumento oficial de que el endeudamiento se debe a una «incorrecta previsión» de los hogares. Assusa sostuvo: «Estamos hablando de una altísima mora de préstamos personales y de tarjeta de crédito. Y esa tarjeta de crédito cargada, insisto, con llenar el tanque y llenar la heladera». Agregó que hay que distinguir entre «deudas de capitalización, deudas de ascenso social y deudas de sacrificio».
El informe concluye que los hogares están llegando al límite de los recursos para amortiguar la crisis. Cuando el crédito formal se satura, recurren al informal con sobretasas; cuando los ahorros se agotan, venden pertenencias; cuando los ingresos no alcanzan, comen menos y peor. «Si el reemplazo de la provisión pública de bienes como la educación, la salud o la vivienda es la sobreexplotación, los malabares financieros de la familia y el endeudamiento, la crisis no solo ha transformado nuestro modo de sostener la vida. También ha vuelto problemáticamente insostenible la gestión de nuestra economía, y nos expone desigualmente a agotar los medios disponibles para sostener nuestra existencia», señala el informe.
Assusa afirmó que los niveles de endeudamiento «hablan de una crisis de reproducción profunda que ha llevado al límite los tiempos y las capacidades de sostenimiento y de energía de supervivencia». El equipo de investigación continúa en campo con una encuesta representativa para toda la provincia, cuyos primeros resultados se esperan para los próximos meses.
