La euforia por el Mundial se manifiesta en las calles de México con celebraciones multitudinarias, cánticos y muestras de júbilo colectivo, mientras especialistas de la UNAM reflexionan sobre sus causas, consecuencias y límites.
Las plazas y avenidas de Ciudad de México y otras urbes del país se llenan de personas que, ondeando banderas y vistiendo los colores nacionales, comparten una emoción que trasciende lo deportivo y se convierte en una vivencia comunitaria.
Sin embargo, esta pasión ha tenido desenlaces trágicos, como los dos atropellamientos registrados en diferentes puntos del país, así como destrozos y otros fenómenos ocurridos durante estos días de Mundial. Estos hechos han abierto la reflexión sobre el festejo masivo, sus consecuencias, límites y razones psicológicas y sociales.
Al respecto, diversos especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hablaron sobre estos fenómenos sociales.
La búsqueda de comunidad en la euforia futbolera
José Luis Treviño, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, sostuvo en un artículo de la Gaceta UNAM que “el fútbol es el único fenómeno de masas que reúne a tantas personas en un mismo sentimiento” y añadió que “la identidad nacional se refuerza mediante estos rituales de pertenencia, donde el individuo deja de ser uno solo para ser parte de un todo”.
Sergio Varela Hernández, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y especialista en sociología y antropología del deporte, afirmó que estas manifestaciones responden a una necesidad humana de celebración en comunidad. “Las competencias deportivas internacionales se construyen a partir de países que se enfrentan simbólicamente en una cancha. Eso genera sentimientos de pertenencia muy fuertes”, declaró. Agregó que los deportes están cerca del sentimiento nacionalista y que un Mundial activa mecanismos de identificación colectiva vinculados con la idea de México como nación.
El Mundial como refugio frente a la soledad cotidiana
La efervescencia futbolera permite que las personas se reconozcan entre sí a través de la emoción compartida, creando vínculos temporales pero intensos. Según Treviño, la celebración masiva “brinda la oportunidad de olvidar, aunque sea por unas horas, los problemas personales y sociales”. El académico sostuvo que la euforia colectiva “es una válvula de escape ante la presión social y económica”.
El desbordamiento emocional y el riesgo de violencia
Hugo Sánchez Gudiño, profesor de la Facultad de Psicología, señaló que la intensidad emocional de los festejos deportivos puede desbordarse, ya que “algunas personas viven el triunfo o la derrota como una cuestión personal y reaccionan con conductas agresivas”. Afirmó que la violencia en estos contextos surge de la necesidad de reafirmar la identidad del grupo y de la falta de canales adecuados para expresar la emoción. La multitud, en su efervescencia, puede perder el control y dar paso a comportamientos que, fuera del contexto futbolístico, serían inaceptables.
