El cobro obligatorio de bolsas de plástico, implementado en 2018, redujo su consumo un 40% respecto a 2017, según datos del MITECO. Expertas advierten sobre otros desafíos ambientales como los microplásticos.
Madrid, 3 jul (EFE).- El consumo de bolsas de plástico en España se redujo un 40% respecto a 2017, tras la implementación del cobro obligatorio en 2018. Así lo indican los datos del Registro de Productores del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Según el informe, el número de bolsas puestas en el mercado pasó de 11.238 millones en 2017 a 6.890 millones en 2023, una disminución del 40%. El consumo per cápita descendió de 241 a 142 bolsas por habitante al año. Las bolsas de plástico convencional se redujeron un 68%, mientras que las bolsas compostables aumentaron para usos específicos.
Con motivo del Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, especialistas consultados por EFE señalaron que la medida ha modificado el comportamiento de los consumidores. La química y divulgadora Deborah García Bello afirmó que el cobro “sí ha cambiado” el comportamiento, al fomentar la reutilización de bolsas o el uso de carros y bolsas reutilizables de otros materiales.
Amparo Fernández, directora de Desarrollo de Negocio de Captoplastic, sostuvo que las medidas han sido “claramente eficaces desde el punto de vista de la prevención”, aunque indicó que aún no existen estudios suficientes para cuantificar la reducción de bolsas en el medio natural.
Ambas expertas coincidieron en que la contaminación por plásticos excede a las bolsas de la compra. Fernández explicó que una parte importante de los microplásticos proviene del desgaste de neumáticos, textiles sintéticos, pinturas o pellets industriales, además de la fragmentación de residuos mal gestionados. Defendió reforzar la monitorización para diseñar políticas “más eficaces”.
García consideró que el debate público ha convertido a la bolsa de plástico en el principal símbolo de la contaminación, “cuando el problema radica, sobre todo, en que los residuos lleguen al medio natural y al mar”. Añadió que ninguna alternativa es automáticamente más sostenible sin un análisis del ciclo de vida, y que “una bolsa de papel o de algodón puede tener un mayor impacto ambiental que una de polietileno si no se reutiliza suficientes veces”.
Respecto a las bolsas biodegradables y compostables, advirtieron que no son una solución definitiva, ya que “muchas están diseñadas para degradarse únicamente en instalaciones de compostaje industrial”. Si terminan abandonadas en el entorno, “también pueden fragmentarse antes de desaparecer”. García precisó que las biodegradables “pueden dificultar los procesos de reciclaje al mezclarse con los plásticos convencionales”.
Las especialistas concluyeron que la mejor bolsa desde el punto de vista ambiental es la que se reutiliza la mayor cantidad de veces posible y se gestiona adecuadamente al final de su vida útil.
