El PBI crece de forma moderada, pero la industria y la construcción registran caídas significativas, mientras que la energía, la minería y el agro muestran avances, según datos oficiales y análisis de economistas.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de abril cayó 1,5% con respecto a marzo, y durante el año se observa un comportamiento irregular: enero (+0,3%), febrero (-2,7%), marzo (+3,1%) y abril (-1,5%). Según el economista de la Fundación Mediterránea Marcos Cohen Arazi, “aún con la volatilidad que se verifica, la actividad económica se ubica 5,5% por encima del nivel de noviembre de 2023, mes previo al inicio de la presidencia de Milei, aunque no registra grandes avances en el año”. En los primeros 30 meses de gestión, el crecimiento es de +2,3% anual entre noviembre de 2023 y abril de 2026.
El profesor de Economía de la UCEMA, Federico Pablo Vacalebre, señaló que se evidencia una brecha entre la macro y la micro: “El consumo agregado mejora, pero el empleo de calidad no acompaña, los salarios se recuperan con lentitud desde un piso bajo, y el crédito permanece frenado por la mora”. A su juicio, los canales que podrían empujar la demanda doméstica (recomposición de la masa salarial real y repunte del crédito al sector privado) se mantienen débiles, aunque podrían mejorar si la desinflación se consolida.
Marcelo Capello, vicepresidente del IERAL, mencionó factores internacionales como la demanda de alimentos, la transición energética que incrementa la demanda de minerales como cobre y litio, y cambios geopolíticos que priorizan el aprovisionamiento de recursos estratégicos desde fuentes estables. Según el Gobierno, las exportaciones de energía y minería ascenderían a US$50.000 millones en 2030, que sumadas a las del sector agropecuario (US$35.000 millones) y la industria del conocimiento (que superó los US$10.000 millones en el año julio 2025-junio 2026), proyectan una fuerte entrada de dólares y un tipo de cambio poco competitivo, lo que encarece los bienes y servicios no transables y afecta a la industria.
Martín Rapetti, director de la consultora Equilibra, afirmó que el crecimiento del PBI esconde una “economía dual”: energía, minería y agroindustria crecen, mientras la industria cayó 13%, la construcción 12% y el resto de las actividades permanecen estancadas. “La narrativa optimista dice que es una transformación productiva en marcha: los sectores con ventajas competitivas genuinas ganan terreno y los que sobrevivían con protección se retraen; sin embargo, la actividad crece, pero el empleo privado formal se contrae”, explicó.
Las cifras indican que la cantidad de asalariados privados registrados cayó casi 210.000 personas desde fines de 2023. Mientras los sectores en expansión (agro, minería y energía) perdieron 2.000 puestos en ese lapso, el empleo destruido en la industria (-175.000) y la construcción (-88.000) fue absorbido por servicios no transables de baja productividad: cuentapropistas en transporte, restaurantes, comercio y servicio doméstico. “La dualidad productiva se replica en el territorio: crecen las provincias con minería e hidrocarburos no convencionales, pero el resto del país -con la excepción del eje cordillerano- registra caídas en actividad, empleo formal y cantidad de empresas”, concluyó Rapetti.
Un trabajo de FUNDAR destaca que en las últimas décadas los países que crecieron más aceleradamente, como los del Este Asiático, lograron diversificar su estructura productiva y especializarse en actividades de mayor intensidad tecnológica y dinamismo exportador. En Argentina, los servicios explican más del 60% del valor agregado de la economía, participación menor que en países desarrollados y mayor que en países de ingresos bajos. Los servicios de alta calificación representan el 36% del PBI argentino, por debajo del 55% que registran en Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Sin embargo, esta preponderancia no se replica en el comercio exterior: desde la década de 1970, los bienes representan el 84% del comercio internacional argentino. Las actividades intensivas en I+D representan el 11,9% del PBI, similar a Brasil, Chile y Sudáfrica, pero menor al promedio de la OCDE (19,6%) y la media mundial (18,5%).
A pesar de su menor participación en el producto, los bienes mantienen una importancia crucial en la estructura productiva y sostienen buena parte del empleo formal privado.
