El mercado anticipa que el riesgo país podría perforar los 400 puntos básicos en las próximas horas, mientras que consultoras privadas proyectan una inflación de junio cercana al 2%.
El Gobierno inicia una semana en la que podría recibir dos datos de fuerte impacto para su programa económico. El mercado espera que en las próximas horas el riesgo país perfore la barrera de los 400 puntos básicos, mientras que las consultoras privadas anticipan que la inflación de junio podría ubicarse en torno de 2% e incluso quebrar ese piso.
Se trata de dos indicadores diferentes que funcionan como termómetros centrales del plan económico. El riesgo país refleja la percepción de los inversores sobre la capacidad de la Argentina para afrontar sus compromisos financieros. La inflación muestra la velocidad a la que aumentan los precios y tiene un efecto directo sobre los ingresos, el consumo y las decisiones cotidianas de los hogares.
Una economía con menor inflación y cuentas fiscales más previsibles reduce la incertidumbre sobre la capacidad de pago de la deuda. Al mismo tiempo, un menor riesgo soberano favorece la llegada de capitales y reduce la presión financiera sobre el Tesoro. Esa relación es clave para el programa económico.
El primer dato podría conocerse durante las próximas ruedas del mercado, incluso hoy mismo, ya que actualmente se encuentra en 402 puntos básicos. La inflación la dará a conocer mañana el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) a las 16 horas.
La coincidencia de ambos datos permitiría al Gobierno exhibir una doble señal: una mejora de la confianza financiera en el exterior y un nuevo avance en el proceso de desinflación dentro del país. Sin embargo, perforar esas barreras no resolverá automáticamente los problemas de financiamiento, reservas, actividad y poder adquisitivo que todavía enfrenta la economía.
Riesgo país a un paso de los 400 puntos
El riesgo país cerró la última semana en 402 puntos básicos, su nivel más bajo en más de ocho años, luego de que los bonos soberanos profundizaran su recuperación. El indicador que elabora JP Morgan acumula una caída cercana al 29% durante 2026 y quedó a sólo dos puntos de quebrar una marca que el mercado sigue con especial atención.
La expectativa se fortaleció tras el pago de unos US$4.500 millones a los tenedores de bonos Globales y Bonares. Durante la última jornada de la semana pasada se acreditaron aproximadamente US$2.500 millones correspondientes a los Globales, mientras que este lunes se completa el desembolso por los Bonares.
Una parte de esos fondos podría regresar a los bonos argentinos, reforzando sus cotizaciones y presionando a la baja el riesgo país. También contribuyó la presentación del programa financiero del Ministerio de Economía, con el que Luis Caputo buscó despejar las dudas sobre cómo se cubrirán los vencimientos hasta finales de 2027.
El ministro aseguró que una nueva emisión de deuda internacional constituye una “alternativa más”, pero no el eje principal de la estrategia oficial. Cuanto menor sea el riesgo país, mayor será el margen del Tesoro para evaluar un eventual regreso al mercado voluntario de crédito.
Que el riesgo país baje de 400 puntos significaría que los inversores exigen una sobretasa menor para mantener títulos argentinos frente a los bonos del Tesoro estadounidense, considerados como referencia de bajo riesgo. En términos concretos, la caída representa una mejora de la percepción sobre la capacidad de pago de la deuda y favorece el precio de los bonos soberanos. Además, podría reducir el costo potencial de financiamiento para el Estado y, con cierto rezago, también para las provincias y las empresas argentinas que busquen colocar deuda en el exterior.
El dato tendría un fuerte peso simbólico. La Argentina no perfora esa barrera desde hace más de ocho años y viene de registrar niveles superiores a los 2.500 puntos durante los momentos de mayor incertidumbre de los últimos años. Sin embargo, un riesgo país inferior a 400 puntos no significa que el crédito internacional ya sea barato. La sobretasa argentina seguiría siendo considerablemente mayor que la de otros países de la región y todavía podría resultar elevada para realizar una emisión de gran volumen y largo plazo.
Inflación busca bajar otro escalón
La segunda barrera de la semana estará vinculada con los precios. El INDEC informará este martes la inflación de junio y las estimaciones privadas anticipan un resultado cercano a 2%, pese al impacto de los aumentos de tarifas y otros precios regulados.
El índice viene mostrando una desaceleración durante los últimos meses. Después de alcanzar 3,4% en marzo, la inflación descendió a 2,6% en abril y a 2,1% en mayo. Un registro inferior a 2% en junio implicaría el tercer mes consecutivo de baja y el ingreso a un nuevo rango nominal.
En mayo, el IPC núcleo, que excluye los componentes estacionales y regulados, ya había perforado esa barrera, al registrar una variación de 1,9%. El nivel general quedó en 2,1%, impulsado por un aumento de 3,5% en los precios estacionales y de 2,4% en los regulados.
Las proyecciones para junio muestran que la desaceleración podría continuar incluso en un mes atravesado por ajustes en servicios públicos. La evolución de los alimentos, los combustibles, las tarifas y los precios estacionales será determinante para definir si finalmente el índice logra ubicarse debajo de 2%. Perforar esa marca reforzaría la estrategia de desinflación del Gobierno y permitiría mostrar que la reducción de los aumentos mensuales no fue un fenómeno aislado.
También tendría consecuencias sobre los ingresos: con una inflación más baja, los salarios, las jubilaciones y las asignaciones necesitan aumentos nominales menores para sostener o recuperar poder adquisitivo. De todos modos, el resultado dependerá de que esas remuneraciones efectivamente crezcan por encima de los precios.
Un IPC inferior a 2% podría influir además sobre las expectativas y las tasas de interés. Si los agentes económicos consideran que la desaceleración será permanente, se reduce la necesidad de cubrirse inmediatamente frente a futuras subas y se facilita la planificación de precios, contratos e inversiones. Para el Banco Central también abriría la posibilidad de continuar reduciendo las tasas, aunque cualquier decisión deberá contemplar el comportamiento del dólar, la demanda de pesos y la acumulación de reservas.
El desafío será sostener ese nivel durante varios meses. Un solo registro inferior a 2% no garantiza que la inflación haya ingresado definitivamente en un nuevo régimen. Los movimientos del tipo de cambio, la actualización de tarifas, los precios internacionales de la energía y la evolución de los salarios podrían volver a ejercer presión.
La combinación de un riesgo país inferior a 400 puntos y una inflación mensual por debajo de 2% le permitiría al Gobierno presentar una fotografía favorable, aunque la foto no elimina las dificultades de fondo. El programa todavía necesita acumular reservas, recuperar el crédito de manera sostenible, recomponer los ingresos y lograr que la mejora financiera se traslade a la inversión, el empleo y la actividad.
