Dieciséis meses de investigaciones y más de 40 millones de dólares permitieron determinar que la caída del Boeing 747-100 de Trans World Airways, ocurrida el 17 de julio de 1996, fue producto de una falla mecánica y no de un atentado terrorista.
El 21 de noviembre de 1997, el jefe de la División Antiterrorista del FBI, James Kallstrom, anunció que el caso del Vuelo 800 de TWA estaba cerrado. “Estamos plenamente convencidos de que el desastre del Boeing 747 no fue producto de un atentado sino de una falla propia del avión”, declaró ante periodistas, abogados y familiares de las víctimas.
El vuelo despegó del Aeropuerto John F. Kennedy el 17 de julio de 1996 con destino al Aeropuerto Internacional Charles De Gaulle, en París. A bordo viajaban 230 personas: 169 estadounidenses, 42 franceses, 11 italianos, dos noruegos, un inglés, un chino, un español, un portugués y un alemán.
Cinco minutos después del despegue, a las 21.40, el controlador de Boston perdió contacto con el avión. A las 21.45 se produjo una explosión cuando el Boeing había alcanzado los 4.100 metros de altura, frente a Fire Island, a 112 kilómetros de Nueva York.
Durante la investigación, surgieron diversas hipótesis, incluyendo la de un misil disparado por la Armada estadounidense. El periodista Pierre Salinger, exvocero presidencial de John F. Kennedy, sostuvo que el avión había sido derribado por un misil lanzado desde un submarino. Sin embargo, el FBI y la Comisión Nacional de Seguridad del Transporte descartaron esa posibilidad.
En noviembre de 1997, el FBI presentó una reconstrucción computarizada del accidente que mostraba que las luces que algunos testigos interpretaron como un misil eran en realidad las diferentes etapas del estallido del avión. Una semana después, James Hall, director de la Comisión Nacional de Seguridad del Transporte, afirmó: “Hemos descubierto, con un mínimo margen de duda, que la explosión del Boeing 747-100 de TWA se debió a una acumulación de vapores de combustible en el depósito central de la aeronave”.
