Un análisis de profesionales del sector indica que integrar la cocina al salón puede incrementar el presupuesto de reforma y exige una planificación más detallada.
La decisión de abrir la cocina al salón suele asociarse a una mayor luminosidad y amplitud, pero también implica costos adicionales y mayores exigencias de diseño. Rubén Rodríguez, diseñador de cocinas y director de Cocinas Suarco, señaló en declaraciones a La Vanguardia que “las cocinas abiertas salen más caras que las cerradas”.
Según Rodríguez, el sobrecosto se origina en la propia intervención: al unir dos estancias pueden requerirse trabajos adicionales en electricidad, fontanería, desagües, pavimentos o revestimientos, especialmente cuando los materiales de cocina y salón son diferentes. Además, la integración visual eleva la exigencia estética, ya que los muebles, la encimera, los electrodomésticos y la iluminación quedan a la vista desde la zona de estar, lo que suele implicar acabados más cuidados y un presupuesto mayor.
La arquitecta técnica Elisenda Gadea, de ASANA Arquitectura, afirmó que “el afán por tener una cocina abierta al salón puede no ajustarse al estilo de vida de alguien que cocine a diario”. En una cocina cerrada, la puerta limita olores, vapor y ruido; en una abierta, todo ocurre dentro del espacio principal de la vivienda. Gadea también advirtió sobre la relación con el desorden: en una cocina abierta, la encimera forma parte constante del paisaje del salón, lo que puede resultar problemático para algunas personas.
El interiorista Josep Boix explicó que uno de los errores más frecuentes es pensar que integrar cocina, comedor y salón se resuelve simplemente eliminando tabiques. La distribución debe funcionar como un conjunto, lo que implica estudiar recorridos, proporciones, iluminación, materiales, extracción de humos y ruido. Boix sostuvo que “los humos, el ruido o una mala resolución estética pueden romper completamente la armonía del espacio”.
No obstante, los profesionales consultados coinciden en que abrir la cocina no es una decisión incorrecta en todos los casos. En viviendas compactas, eliminar divisiones puede mejorar el aprovechamiento de los metros cuadrados y permitir que una cocina oscura reciba luz natural del salón. Los arquitectos Isabel Roger y Daniel González defendieron que una redistribución bien planteada puede transformar una vivienda, siempre que la decisión no se base en una receta universal.
Existen también soluciones intermedias, como puertas correderas, cerramientos acristalados o separaciones parciales, que mantienen la amplitud y el paso de la luz a la vez que permiten aislar la cocina cuando se requiere.
