En las últimas décadas, diversos países han avanzado en el cierre de zoológicos tradicionales. La medida, que se enmarca en debates sobre bienestar animal, plantea interrogantes sobre el acceso de la población a la fauna y la transformación de las prácticas educativas y de entretenimiento.
El cierre de zoológicos en distintas partes del mundo es una tendencia que se ha consolidado en los últimos años. La medida responde a cuestionamientos sobre las condiciones de vida de los animales en cautiverio y ha sido adoptada por autoridades de diversos países.
Según informes internacionales, cada vez más personas recurren a documentales televisivos o plataformas digitales para conocer sobre animales. En el ámbito educativo, algunas escuelas incorporan materiales audiovisuales y pantallas para enseñar biología, en reemplazo de visitas presenciales.
El fenómeno se extiende a otras actividades: reuniones laborales por videollamada, sesiones de terapia telefónica, compras en línea, clases virtuales de gimnasia y cursadas universitarias a distancia. Estas modalidades, que ya existían antes de la pandemia, se intensificaron y transformaron la interacción social.
Un artículo publicado recientemente por un diario español describe que ciudadanos han alertado a la policía sobre la presencia de animales salvajes en sus barrios. Tras operativos con patrulleros y helicópteros, las autoridades confirmaron que se trataba de perros o nutrias, no de leones ni cocodrilos.
El debate sobre el cierre de zoológicos continúa. Mientras algunos sectores celebran la medida, otros advierten sobre la pérdida de contacto directo con la fauna y la necesidad de alternativas educativas y de conservación.
