En Villa General Belgrano, un proyecto iniciado desde cero transformó un campo de lavandas en una experiencia sensorial y productiva que atrae a visitantes de toda la región.
Hace siete años, Claudia Morano y Rubén Villarruel decidieron cambiar su vida y radicarse en las sierras de Córdoba. En Villa General Belgrano, valle de Calamuchita, iniciaron un emprendimiento familiar dedicado al cultivo de lavanda, al que llamaron Die Lavendel. Comenzaron en 2019 con 600 plantas, sin experiencia previa, y hoy cuentan con más de dos mil ejemplares de tres variedades híbridas.
La pareja, oriunda de San Francisco, se capacitó a través del programa Cambio Rural del INTA. Las flores son secadas o destiladas para obtener aceites esenciales, que luego se utilizan en productos de cosmética y gastronomía. Lo que comenzó como una producción familiar, con el tiempo se transformó en un punto de interés turístico para la zona.
Actualmente, ofrecen visitas guiadas por las plantaciones, explican el proceso de destilación y organizan eventos como la Fiesta de la Cosecha y el Festival Lavandas en la villa, que convoca a un número creciente de personas cada año. «Cultivamos lavandas por amor a su belleza, a su aroma y a su capacidad de conectar a las personas con la naturaleza», expresan los emprendedores.
Las condiciones climáticas y geográficas de la región, a más de 700 metros sobre el nivel del mar, son favorables para el desarrollo de estas plantas. Toda la familia participa del proyecto: sus hijos, Gala y Mateo, se encargan de la atención al público y las redes sociales, mientras que la novia de Mateo, Camilia, coordina el bufet durante los eventos.
Los visitantes pueden apreciar las diferencias entre las variedades ornamentales y las de producción, conocer sus propiedades terapéuticas y degustar productos como alfajores, chocolates e infusiones. Rubén Villarruel explica que, si bien el campo parece extenso, a nivel industrial la cantidad de plantas es reducida, por lo que el foco está puesto en el valor agregado para mantener el stock de productos durante todo el año.
El emprendimiento Die Lavendel no requiere reserva previa; los interesados solo deben tocar una campana en la tranquera para ser recibidos por los anfitriones y disfrutar de un paseo por el campo de lavandas.
