En 1992, el director argentino Luis Puenzo estrenó una adaptación de la novela de Albert Camus, filmada en Buenos Aires con un elenco internacional. Tres décadas después, su representación de una crisis sanitaria cobró nueva relevancia.
Casi 35 años atrás, Luis Puenzo llevó al cine una superproducción plurinacional que, con el paso del tiempo, adquirió un carácter premonitorio. Rodada en Argentina, La Peste se estrenó en 1992 con las actuaciones de William Hurt, Sandrine Bonnaire, Jean-Marc Barr, Robert Duvall y Raúl Juliá. Tres décadas después, durante la pandemia de Covid-19, la película, inspirada en el clásico literario de Albert Camus, invitó a nuevas interpretaciones.
«Las pestes son una constante en la historia de la humanidad», señaló en 2020 a LA NACION el director argentino, ganador de un Oscar por La historia oficial. Para Puenzo, toda peste es «indisoluble de la parábola de Camus: siempre va a volver a empezar, desde la política».
En su relato, que incluye anacronismos para subrayar la universalidad del mensaje, Puenzo recrea una crisis sanitaria por una epidemia en una ciudad europea imaginaria ubicada al sur de Sudamérica. A través de esta trama, la película aborda el peso de las dictaduras en el continente.
El filme mostró imágenes que en 2020 se volvieron globales: hospitales de campaña, personas en cuarentena, el esfuerzo del personal médico, centros de aislamiento, paisajes urbanos desolados y aeropuertos cerrados. A diferencia de la Orán de Camus en el norte de África, el escenario de Puenzo se desarrolla en el paisaje porteño, con epicentro en La Boca y vistas de la Bombonera, el Puente Avellaneda o la Isla Maciel.
Los protagonistas enfrentan interrogantes existenciales que plantea la nueva realidad. «¿Hay algo más real que la muerte? Cuando el sufrimiento nos niega incluso el consuelo de nuestros hogares, la propia realidad se convierte en algo abstracto», reflexiona la voz en off del doctor Rieux (William Hurt) al declararse la epidemia.
Al esfuerzo de Rieux por combatir la enfermedad se unen periodistas extranjeros interpretados por Sandrine Bonnaire y Jean-Marc Barr, junto a personajes como el amoral Cottard (Raúl Juliá), el padre Paneloux (Lautaro Murúa) y el «héroe pequeño» Joseph Grand (Robert Duvall). El reparto local incluyó a China Zorrilla, Norman Briski, Horacio Fontova, Jorge Luz, Verónica Llinás, Cris Miró, Norman Erlich y Duilio Marzio.
Respecto al rodaje, considerado una de las producciones cinematográficas de mayor envergadura filmadas en el país, Puenzo recordó su proceso creativo. Tras recibir el Oscar en 1986, se le abrieron puertas a la proyección internacional. Sin embargo, no buscaba convertirse en un «director norteamericano».
«Le dije [a mi agente]: ‘Me está dando vueltas la parábola de Camus de que la peste nunca se va del todo. Eso pasa en mi país’. Era el comienzo del menemismo», explicó el director. El guion, traducido por Norman Di Giovanni, fue escrito en su casa de Acassuso y le tomó un año completarlo. «Que yo sepa, ha sido la única adaptación de La Peste al cine», afirmó.
Puenzo conoció a Catherine Camus, hija del escritor y custodia de su obra, quien aprobó la adaptación. La película fue una coproducción entre Argentina, Estados Unidos y Francia, presentada en el Festival de Venecia. Se rodó en Buenos Aires y su posproducción se realizó en París. Con un presupuesto de 14 millones de dólares y un rodaje de catorce semanas, la producción supuso un despliegue colosal.
