Un informe de Argentinos por la Educación señala que los estudiantes pierden en promedio un mes de clases al año. En Córdoba, el 20% de los alumnos secundarios supera las 20 inasistencias anuales.
En Argentina, los estudiantes pierden en promedio 30 días de clase por año, una cifra que equivale a casi un ciclo lectivo completo menos a lo largo de la escuela primaria. Con ese diagnóstico, la organización Argentinos por la Educación lanzó la campaña #ArgentinaALaEscuela, una iniciativa que busca instalar en la agenda pública la discusión sobre el tiempo escolar efectivo y la necesidad de mejorar los sistemas de medición del ausentismo y la asistencia.
En el caso de Córdoba, los datos disponibles muestran que el 39% de los estudiantes de nivel secundario acumula más de 15 inasistencias durante el año, mientras que el 20% supera las 20 faltas. «El 20% de los alumnos cordobeses del nivel secundario pierden al menos un mes de clases», explicó la economista y analista de datos de la organización, Sol Alzú, en base a relevamientos propios.
A esto se suman otros factores como la impuntualidad, las condiciones de infraestructura, los paros docentes y las situaciones climáticas, que también reducen el tiempo real de aprendizaje en las aulas. La campaña, impulsada junto a más de 200 organizaciones de la sociedad civil, convoca a estudiantes, familias y referentes a compartir en redes sociales imágenes de su etapa escolar acompañadas por un mensaje sobre el valor de asistir a clases. La propuesta apunta a transformar un dato estadístico en una discusión más amplia sobre el vínculo entre presencia escolar y aprendizaje.
Detrás de la iniciativa aparece una preocupación de fondo: aunque el Consejo Federal de Educación estableció un piso de 190 días de clase, los calendarios provinciales contemplan en promedio 185 jornadas, y el tiempo efectivo termina siendo todavía menor por una combinación de ausentismo, conflictos gremiales, problemas climáticos y deficiencias de infraestructura. Según un informe reciente difundido por la organización, el tiempo real de enseñanza en el país se reduce a unas 155 jornadas anuales. Esa diferencia entre lo previsto y lo que efectivamente ocurre en las aulas representa uno de los principales desafíos para la continuidad pedagógica.
Entre los motivos de inasistencia estudiantil, los problemas de salud aparecen como la causa más frecuente, pero no la única. El relevamiento también muestra que un 39% de los estudiantes reconoce que una de las razones para faltar es simplemente «no tener ganas de ir a la escuela», un dato que expone una dimensión más profunda del vínculo con la experiencia escolar.
Para la entidad, el problema no se limita a la cantidad de días perdidos, sino a la dificultad para dimensionarlo. Actualmente, Argentina no cuenta con un sistema nacional unificado que permita medir con exactitud cuántas jornadas de clase se interrumpen cada año ni por qué motivos. La campaña también busca poner en discusión la necesidad de construir información pública más consistente para diseñar políticas educativas. Sin datos comparables entre provincias, el seguimiento del presentismo y del tiempo escolar queda fragmentado y con escasa capacidad de intervención temprana.
Desde la organización sostienen que visibilizar el problema es un primer paso para revertirlo. La asistencia sostenida a clases, remarcan, no depende únicamente de las escuelas, sino de una responsabilidad compartida entre el Estado, las familias y la sociedad. Con ese planteo, #ArgentinaALaEscuela intenta correr el eje de la discusión desde el calendario formal hacia una pregunta más concreta: cuánto tiempo de aprendizaje están teniendo realmente hoy los alumnos argentinos.
