A más de cuatro años del inicio del conflicto en Ucrania, la población rusa enfrenta dificultades económicas y restricciones en internet, lo que ha generado críticas hacia el gobierno de Vladimir Putin, aunque sin representar una amenaza inmediata para su liderazgo.
El descontento en Rusia aumenta a medida que la guerra en Ucrania supera los cuatro años y las sanciones económicas de Europa y Estados Unidos impactan en la vida cotidiana. Las críticas al gobierno y a las políticas de Vladimir Putin se multiplican en redes sociales, donde algunos influencers y partidarios del oficialismo han sugerido la posibilidad de una revuelta.
Si bien esta disidencia, por ahora moderada, no representa un peligro inminente para el poder de Putin, analistas señalan que implica un desafío creciente para el Kremlin. “Cada vez hay que dedicar más esfuerzos a mantener el statu quo”, escribió Mark Galeotti, experto en política rusa.
Un video de 19 minutos de la bloguera rusa Victoria Bonya, que vive en el extranjero, acumuló 31 millones de visualizaciones en Instagram. En él, Bonya expresó su apoyo a Putin pero afirmó que la población y los funcionarios tienen miedo de decirle la verdad sobre problemas como la gestión de inundaciones, el sacrificio de ganado, las restricciones de internet y las dificultades de los pequeños negocios.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó que funcionarios vieron el video y que “se está trabajando mucho” en los temas mencionados. Por su parte, el líder del Partido Comunista, Guennadi Ziugánov, advirtió sobre una posible repetición de la Revolución Bolchevique si no se toman medidas.
Encuestas oficiales muestran una caída en la popularidad de Putin: la estatal VTsIOM la sitúa en 65,6%, mientras que el Centro Levada reporta un 80%. La población enfrenta apagones regulares de internet móvil, justificados por las autoridades como medida contra ataques de drones, pero criticados como un paso hacia un mayor control gubernamental.
Las restricciones incluyen el bloqueo de VPN y la promoción de una aplicación de mensajería estatal, Max, vista como herramienta de vigilancia. La frustración ha derivado en peticiones, demandas colectivas y protestas sofocadas. Putin justificó los apagones como necesarios para prevenir atentados, indicando que las medidas continuarán.
