El 7 de mayo, el Teatro Colón presenta un programa mixto que incluye obras de Harald Lander, Demis Volpi, Oscar Araiz y la coreógrafa Aszure Barton, quien desafía la lógica tradicional del ballet con su enfoque colaborativo y su búsqueda de lo incierto.
El 7 de mayo, el Teatro Colón estrena un programa mixto que cruza siglos y estéticas: Études de Harald Lander, Aftermath de Demis Volpi y La consagración de la primavera de Oscar Araiz. En ese mapa diverso se inscribe Come In, la obra de Aszure Barton, una de las creadoras más singulares de la escena contemporánea.
Barton propone una forma de trabajo que desafía la lógica tradicional del ballet. En una entrevista, explicó: «Lo primero que hago es dejar en claro que genuinamente no tengo todas las respuestas, y lo digo en serio. Algo sucede cuando un bailarín siente eso: deja de esperar que le digan qué hacer y empieza a abrirse. La jerarquía comienza a disolverse».
Consultada sobre su método creativo, señaló: «Aprendí a proteger la falta de certeza. Al principio me asustaba: no saber adónde iba una pieza me parecía un fracaso. Ahora entiendo que ese es el punto. En el no-saber es donde vive todo lo interesante».
En cuanto a la presencia femenina en la coreografía, Barton afirmó: «Hay muchísimas mujeres extraordinarias creando. La pregunta no es si existimos, sino si se nos está dando la plataforma, los recursos para desarrollarnos y el reconocimiento que merecemos».
Sobre su colaboración con Mikhail Baryshnikov, la coreógrafa destacó: «Trabajar con Misha me enseñó a confiar en mis instintos y a escuchar: la música, los silencios, los bailarines. Quiero compartir esta obra porque la encuentro bella: ver a bailarines de cuerpo masculino suavizar su piel, aquietar su energía, volverse simples y quietos».
Barton no crea pensando en complacer al público, pero valora la conexión: «Lo que siento como un privilegio es tener la oportunidad de compartir algo que viene del corazón y de crear un espacio comunitario, una experiencia compartida».
En el Colón, Come In no solo dialoga con la tradición: la desplaza, la respira y la vuelve, por un momento, incierta y profundamente humana.
