El médico y legislador Juan Pablo Peirone alertó sobre la desaparición de clínicas privadas en el interior de Córdoba, la concentración de especialistas en la capital y la necesidad de integrar los sistemas público y privado para evitar el colapso sanitario.
El debate sobre el sistema de salud en Córdoba vuelve a encender alertas. Para el legislador y médico de profesión Juan Pablo Peirone, la situación es crítica y requiere decisiones estructurales urgentes. En diálogo con Perfil Córdoba, planteó la necesidad de integrar el sector público y privado, advirtió sobre el colapso en el interior y describió un escenario marcado por la falta de planificación, la concentración de profesionales y la caída de la medicina privada.
Según sostuvo, el problema no es solo de recursos, sino de organización del sistema, donde la falta de coordinación agrava las desigualdades en el acceso a la atención médica.
—Usted viene planteando la necesidad de articular lo público y lo privado en salud. ¿A qué se refiere concretamente?
—Si me permiten, lo voy a graficar así: la salud es una sola. Lo público y lo privado son distintas formas de abordar la prevención y el tratamiento. Lo que tenemos que lograr es que ambos sectores se integren en una misma propuesta. No podemos seguir en veredas diferentes ni sostener un sistema donde lo público crece en detrimento de lo privado.
—¿Cuál es hoy la situación del sistema en la provincia?
—La medicina privada prácticamente ha desaparecido en el interior de Córdoba. Hace diez años teníamos alrededor de 420 clínicas y hoy quedan menos de 60. Y seguramente serán menos en los próximos meses. Eso genera problemas concretos: por ejemplo, en Marcos Juárez cerró una clínica que atendía a 5.500 afiliados de PAMI y ahora esos pacientes tienen que trasladarse a Villa María. El sistema no da abasto.
—¿Qué implica esto en la práctica para los pacientes?
—Implica que se generan cuellos de botella. Los hospitales de Córdoba capital terminan desbordados porque reciben la demanda del interior. Los turnos se demoran 60, 90 días y las cirugías pueden tardar hasta seis meses. Esto es consecuencia directa de la falta de planificación.
—Usted mencionó también un problema en la distribución de profesionales.
—Exactamente. Tenemos una enorme concentración en Córdoba capital. Cerca del 80% de los especialistas están en la ciudad, mientras que en el norte hay menos de un médico por cada mil habitantes. En Capital hay nueve médicos cada mil. El promedio provincial es de cinco, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda tres. No es que falten médicos, están mal distribuidos.
—¿Por qué cuesta tanto que los profesionales se radiquen en el interior?
—Porque no hay incentivos. Tenemos que generar propuestas que los atraigan: condiciones laborales, desarrollo profesional, oportunidades para sus familias. Hay que “enamorarlos”, protegerlos y darles alternativas para que se instalen donde realmente se los necesita.
—También habló de una “pelea estéril” entre sistemas. ¿A qué se refiere?
—A que muchas discusiones son económicas y no resuelven el problema de fondo. En el interior, por ejemplo, no se consigue un urólogo o un traumatólogo que atienda sin cobrar un plus. Y no es porque quieran abusar del paciente, es porque los honorarios que reciben no cubren los costos.
—¿Puede dar un ejemplo concreto?
—Sí. Una artroscopia puede pagarse 150 mil pesos, pero solo el insumo básico cuesta 100 dólares. Es inviable. Entonces, si el profesional no cobra un adicional, no puede trabajar. Esto se repite en muchas prestaciones.
—¿Qué consecuencias tiene esto en el sistema?
—Que quienes pueden pagar acceden a la atención y quienes no, terminan en el sistema público, que se satura. Eso agrava el problema general, por lo que la solución es trabajar en conjunto. Si hace falta un tomógrafo, no tiene sentido que el sector público y el privado compitan y dupliquen inversiones. Hay que coordinar recursos. Hoy, por conflictos entre ambos sectores, se toman decisiones ineficientes que perjudican a todos.
—Usted plantea una integración más profunda entre ambos sistemas.
—Claro. La salud privada es la columna vertebral del sistema. Lo público debe complementar y cubrir a quienes no tienen acceso. Pero hoy se genera una competencia innecesaria. El Estado intenta captar pacientes del sector privado en lugar de fortalecerlo. Eso es un error conceptual.
—¿Qué pasa si esa dinámica continúa?
—Que vamos a terminar sin medicina privada en el interior. Y eso sería gravísimo. Por eso insisto: hay que sentarse, dialogar y construir un sistema integrado. Si no lo hacemos, los problemas se van a profundizar.
