Un estudio financiado por la NASA concluyó que el humo de los incendios forestales incrementa los niveles de ozono troposférico y revierte avances en la calidad del aire en varias regiones de Estados Unidos.
Un estudio financiado por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) determinó que los incendios forestales en California y otras regiones de Estados Unidos contribuyen al aumento de la contaminación por ozono a nivel del suelo. La investigación señala que el humo de estos focos ígneos contiene gases como monóxido de carbono que, al interactuar con otros contaminantes bajo luz solar, favorecen la formación de ozono troposférico, también conocido como smog.
Según el informe, los incendios forestales se transformaron en una fuente relevante de contaminación por ozono en gran parte del territorio continental estadounidense. Los científicos indicaron que, a nivel nacional, el impacto de los incendios anuló casi cuatro años de mejoras obtenidas mediante políticas de control de la contaminación atmosférica. Las mayores reversiones se registraron en el Oeste, incluyendo California, y en el Medio Oeste.
John Haynes, gerente del programa de Salud y Calidad del Aire de NASA Earth Action, afirmó que las observaciones satelitales combinadas con redes de monitoreo terrestre permiten identificar riesgos para la calidad del aire que atraviesan fronteras estatales. Estas herramientas, sostuvo, brindan información para que los responsables de la gestión ambiental tomen decisiones más precisas cuando el humo de los incendios afecta a comunidades.
El estudio destaca que el humo de los incendios no solo contiene cenizas, hollín y partículas finas que reducen la visibilidad, sino que también libera gases que favorecen la formación de ozono cerca de la superficie. A diferencia de la capa de ozono en la estratósfera, que protege de la radiación ultravioleta, el ozono troposférico es un contaminante que puede irritar los pulmones, agravar el asma y otras enfermedades respiratorias, especialmente en niños, adultos mayores, trabajadores al aire libre y personas con problemas de salud preexistentes.
Para elaborar el análisis, los investigadores utilizaron técnicas de aprendizaje profundo y desarrollaron una base de datos inédita que estimó diariamente los niveles de ozono superficial entre 2003 y 2024 en todo el territorio continental estadounidense. El sistema representó la información en cuadrículas de aproximadamente un kilómetro por un kilómetro. Los datos provinieron de cerca de mil estaciones terrestres de monitoreo, modelos atmosféricos, información meteorológica, registros de contaminación asociados a incendios forestales y datos satelitales de los instrumentos VIIRS y MODIS.
