Colza, camelina y cártamo impulsan un nuevo modelo agrícola, con mayor superficie sembrada y vínculo con biocombustibles de baja huella de carbono.
La agricultura argentina registra un aumento en la superficie sembrada de oleaginosas de invierno como colza, camelina y cártamo, que pasó de 30.000 a más de 170.000 hectáreas en tres años, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Estos cultivos se incorporan en períodos de barbecho invernal, tradicionalmente sin producción, para intensificar los sistemas agrícolas. Anteriormente, las rotaciones se limitaban a esquemas como trigo–soja o cebada–soja.
La expansión está vinculada a la demanda global de bioenergía certificada. Las empresas buscan aceites con baja huella ambiental para la producción de biocombustibles avanzados. Bunge Argentina, a través de su gerente de Marketing y Nuevas Semillas, afirmó que la compañía impulsa estos cultivos con genética, conocimiento agronómico y acceso a mercados. Durante la última campaña, los convenios de Bunge alcanzaron 90.000 hectáreas productivas en más de 1.000 lotes distribuidos en ocho provincias, triplicando el volumen de la campaña anterior.
El informe sostiene que estos cultivos permiten fijar carbono de la atmósfera y generar un ingreso adicional para el productor, sin comprometer el cultivo principal.
