Tras una cosecha récord de trigo en Argentina, con rindes de 4 toneladas por hectárea, se analizan los máximos rendimientos globales alcanzados en Nueva Zelanda e Inglaterra, y las posibilidades de la agricultura local para acortar la brecha tecnológica.
Argentina registró una cosecha récord de trigo, impulsada por un rinde de 4 toneladas por hectárea, superior al promedio de 3 toneladas de los últimos cinco años. Las estimaciones para la próxima campaña proyectan 20 millones de toneladas, basadas en ese rendimiento. Esto plantea interrogantes sobre el potencial máximo del cultivo.
Según datos internacionales, en febrero de 2020 el agricultor neozelandés Eric Watson cosechó 17,4 toneladas por hectárea en la región de Canterbury, Isla Sur. Dos años después, el británico Tim Lamyman alcanzó 17,96 toneladas por hectárea en Lincolnshire, Inglaterra, récord homologado por Guinness World Records. Ambos casos evidencian rendimientos muy superiores a los promedios locales.
Los especialistas atribuyen estos resultados a la combinación de genética, nutrición y manejo agronómico. Watson utilizó la variedad Kerrin, nitrógeno líquido fraccionado en ocho aplicaciones, agricultura de precisión y una batería de micronutrientes. Lamyman aplicó un enfoque similar, basado en mantener el cultivo verde durante el mayor tiempo posible para maximizar la fotosíntesis.
En Argentina, los mejores productores del sudeste bonaerense (Balcarce, Tandil, Tres Arroyos y Necochea) ya alcanzan rendimientos superiores a 10 toneladas por hectárea. La latitud de la Patagonia argentina, similar a la de Canterbury, abre la posibilidad de desarrollar regiones trigueras de alto potencial, siempre que se combine radiación, temperaturas moderadas, riego y manejo intensivo.
