Martha Ann Lillard, de 78 años y residente de Oklahoma, falleció el 26 de junio de 2026 tras el fallo del pulmón artificial que la mantenía con vida desde los cinco años. La máquina, fabricada en la década de 1950, no pudo repararse por falta de piezas.
Martha Ann Lillard, de 78 años y oriunda de Oklahoma, falleció el 26 de junio de 2026 como consecuencia del fallo del sistema del pulmón de acero que la mantenía con vida. El dispositivo no pudo repararse por falta de repuestos.
A los cinco años, Lillard fue diagnosticada con poliomielitis, dos años antes de que en Estados Unidos comenzara una campaña de vacunación masiva contra la enfermedad. La polio es una enfermedad viral contagiosa que afecta al sistema nervioso y, en los casos más graves, puede causar parálisis irreversible en extremidades y músculos respiratorios.
Lillard dependía de un pulmón artificial que generaba presión de aire negativa para asistir su respiración. Durante los primeros años, los médicos le exigían permanecer dentro del cilindro 23 horas diarias, con una hora de rehabilitación para evitar la atrofia de sus extremidades inmóviles.
Con el tiempo, aprendió a respirar fuera del pulmón mecánico y logró realizar actividades cotidianas. Solo regresaba al cilindro durante nueve horas para dormir. Según el medio británico Daily Mail, una campaña de recaudación de fondos en GoFundMe señala que Lillard vivió con la mayor normalidad posible, a pesar de tener solo el 25 por ciento de su capacidad pulmonar, escoliosis y el brazo derecho paralizado.
En 2020, durante la pandemia de COVID-19, Lillard contrajo la enfermedad en dos oportunidades. Si bien sobrevivió, quedaron secuelas que afectaron su calidad de vida. Además, el pulmón de acero sufrió roturas imposibles de reparar debido a su antigüedad. La hermana de Lillard, Cindy McVey, declaró al Daily Mail: “Algunas de las piezas son de los Chevrolet de los años cuarenta y son difíciles de conseguir. Tenemos un motor de repuesto, pero no tenemos a nadie que nos lo vuelva a instalar si lo necesitáramos”.
El año pasado, un tornado dejó sin electricidad su barrio. Su esposo, Baha Seleh, debió practicarle respiración boca a boca para mantenerla con vida. Desde entonces, las defensas de Lillard decayeron y su capacidad para sostenerse fuera del pulmón de acero se redujo a cero. Antes del COVID, su hermana afirmó que Lillard se preparaba su propia comida y se encargaba de todas sus tareas. Después de la enfermedad, requirió asistencia permanente hasta su fallecimiento.
