El Ministerio de Economía anunció la habilitación de préstamos en dólares para empresas sin ingresos en esa moneda, con el objetivo de reactivar la economía. La medida, que modifica el artículo 23 del decreto 905/02, fue criticada por algunos economistas por el riesgo de descalce cambiario.
El Ministerio de Economía anunció este jueves la flexibilización del crédito en dólares, medida que permite a los bancos prestar en esa moneda hasta el 15% de sus depósitos en dólares a empresas cuyos ingresos no están calzados en esa moneda. La condición es que, al tomar el crédito, la empresa liquide los dólares en el mercado oficial de cambios (MULC) y los convierta a pesos.
El anuncio fue realizado por el ministro de Economía, Luis Caputo, en una conferencia de prensa paralela a la presentación del proyecto de inversión de YPF para exportar gas natural licuado (GNL) por US$51.000 millones, en el marco del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Caputo afirmó que la medida “va a generar mayor crédito, va a bajar el nivel de tasas, va a generar mayor empleo y va a ayudar a reactivar la economía”. Según el Gobierno, el sistema financiero tiene una capacidad prestable ociosa de casi US$6000 millones en moneda extranjera.
La medida modifica el artículo 23 del decreto 905/02, que establecía que los préstamos en dólares solo podían otorgarse a empresas con ingresos en esa moneda o con garantías en divisas. La norma fue implementada después de la crisis de 2001 para evitar que una devaluación volviera impagables los créditos en dólares y pusiera en riesgo la devolución de los depósitos.
El anuncio generó opiniones divididas entre economistas y exfuncionarios consultados por LA NACION. Guido Sandleris, expresidente del Banco Central, sostuvo que la medida “erosiona uno de los pocos consensos relevantes que la Argentina había logrado construir en materia de política económica: una regulación prudencial muy estricta del sistema bancario en dólares”. Agregó que “el monto autorizado es acotado; el precedente que se establece, no”.
Andrés Neumeyer, exsubgerente general de Investigaciones Económicas del BCRA y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, señaló que “la relajación de las restricciones al descalce de moneda de entidades bancarias crea un riesgo sistémico”. Añadió que “el populismo crediticio es una de las razones por las cuales es saludable un banco central independiente”.
Carlos Pérez, economista jefe de Fundación Capital y exgerente general del Banco Central, cuestionó la forma de comunicación: “El anuncio lo hizo Economía y no el Banco Central. Desde el punto de vista de la forma queda la duda entre si esto es coordinación o subordinación”. Aunque consideró que la medida “va en el sentido indicado”, advirtió que “hubiese sido mejor sacarla cuando el riesgo país era descendente y el BCRA compraba más de US$100 millones por día”.
Federico Furiase, secretario de Finanzas, defendió la medida: “Es importante que se genere el circuito de los dólares. Los ahorros en esa moneda pasaron de la zona de los US$23.000 a los US$40.000 millones, y hoy los bancos solamente prestan el 60% de esos depósitos”.
Diego Coatz, economista especializado en industria y pymes y director ejecutivo de I+D, opinó que la medida no tendría impacto en la actividad: “El problema más importante de la pyme hoy es la actividad, el consumo. Esto no creo que tenga impacto en la actividad”.
Fernando Marull, economista financiero y director de FMyA, coincidió: “El sujeto de crédito que ya era sujeto de crédito antes de esta medida va a seguir siéndolo. El que no lo era, no lo va a cambiar, porque van a seguir pidiendo buenos balances”.
Un exfuncionario que pidió reserva de su nombre comparó la medida con las políticas de los años 90: “Ya tomamos esos atajos en los 90 y terminaron con la pesificación asimétrica en 2001. Al principio todo es jolgorio; después viene la resaca y los que servían el champagne no están más”.
