Lectores envían sus opiniones sobre diversos temas de actualidad.
Frecuentemente confundimos el significado del término “lealtad” con el de “deuda”. Entonces, al sentir que le debemos algo a otra persona, afianzamos esa deuda con la rúbrica de la lealtad. Así, justificamos lo injustificable: la mentira o, peor aún, la hipocresía. Lo positivo, tal vez, sea sentir y, por tanto, creer que lo hacemos desde la lealtad. Lealtad a alguien que nos ayudó, que hizo algo por nosotros, que nos eligió, que nos reconoció o nos protegió en momentos de vulnerabilidad, de falta de contención. Entonces, nos ubicamos en una especie de esclavitud, al servicio y disposición de ese alguien. Ni qué hablar de cuando esa lealtad proviene de una elección equivocada, esa que se justifica con el “es buena persona”. En ese caso nos privamos de compartir con “personas vitaminas” para hacerlo con “personas inocuas”. Personas que no hacen mal, pero tampoco bien.
Capítulo aparte, los devoradores de ánimos. Si alguien hizo mucho o poco por nosotros y nos sentimos en deuda, es bueno recordar que el afecto no se compra, no se vende, no se negocia ni se debe, pues, sino, terminaremos siendo igualmente acreedores de aquello que entregamos a otros. El amor y el odio son elecciones personales que no requieren reciprocidad ni exigen devolución. Ese es un concepto, una interpretación, la mía. La peor deuda y la peor esclavitud disfrazadas de “lealtad” son esos pactos de silencio con uno mismo que surgen de situaciones emotivas profundas, diría traumáticas o peor aún, de la muerte de un ser querido.
Muchos tenemos lealtades que, de lealtades, nada tienen. Si debemos a alguien algo o a la inversa, sería bueno que esa deuda provenga de un acuerdo consciente. Caso contrario, esas pseudolealtades provenientes del miedo, de la angustia o de la manipulación, se convertirán en clavos para nuestra propia crucifixión.
¿Cuántas veces llamamos lealtad a nuestra incapacidad de liberarnos de una deuda emocional? Una deuda alimentada por nuestras propias emociones y cuyo único acreedor somos nosotros mismos. Si hemos de ser leales al amor, a un compromiso o a quienes importan en nuestra vida, que sea desde la elección y no desde esa apariencia de lealtad que, a menudo, nos elige. Una apariencia compuesta por la culpa, la carencia de autoestima y el miedo. Temor no a que esa persona sea incapaz de afrontar nuestra libertad y elección, sino a que nosotros seamos incapaces de hacerlo.
Aldo Cristian Alí
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El Belgrano Sur, otro mal ejemplo de obra pública
El artículo publicado en este diario sobre el parate del ramal elevado del ferrocarril Belgrano Sur, que debía terminar en Plaza Constitución, es una muestra más de la irresponsabilidad con que se encaran obras públicas, sin contar con la financiación adecuada para finalizarlas y cuya realización supera el periodo de un gobierno. Como se señala, la misma se inició en 2017, y se reactivó en 2023, estando inactiva desde entonces.
Esto no es nuevo, las obras de la extensión de la línea de subte E hasta Retiro comenzaron a fines de 2008 por el gobierno kirchnerista, quedaron estancadas en 2012 con el traspaso del subte a la Ciudad, y recién en 2015 el gobierno macrista retomó los trabajos, con la promesa de terminar el proyecto en 2018, lo que se concretó un año después.
En el caso del Belgrano Sur resta la parte más cara de la obra, que son las vías y señales, por lo que su finalización es incierta, habida cuenta de la declaración por parte del actual gobierno de la “emergencia ferroviaria”, por lo que se prioriza la asignación de fondos a la red en servicio.
Hugo Perini
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“Cacho Castaña y la expectativa del presente”
En 1988, Cacho Castaña compuso “Septiembre del ‘88”, una canción que resumía el desánimo popular por la alta inflación y las dificultades financieras de la época.
Décadas después, esta melodía nos invita a reflexionar sobre la historia argentina. Aquel contexto mostraba un país que buscaba respuestas al estancamiento económico: “Si vieras qué triste que está la Argentina, se muere de pena por tanta mentira, de tanta promesa por nadie cumplida”.
Hoy, la realidad plantea un panorama de transición. Mientras nuestros funcionarios se centran en la búsqueda del equilibrio fiscal, el ciudadano de a pie mantiene la expectativa de que los indicadores macroeconómicos finalmente impacten positivamente en el presupuesto de los hogares, mejorando así el bienestar de la gente (“Hay algo que no se debe perder nunca y es la esperanza”. “Pero de una manera u otra vamos a salir adelante”).
El argentino de hoy demuestra su resiliencia ante sus problemas cotidianos, pero tiene la confianza de que se puedan lograr mejoras en la economía para el bien de todos.
Hugo Modesto Izurdiaga
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“Jueces que actúan en contra de la seguridad pública”
La jueza Marta Elba Pascual, con el fallo que prorroga la entrada en vigor de la ley penal juvenil en la provincia de Buenos Aires, ha hecho una importante y clarificadora confesión: ella y otros colegas en su misma línea de pensamiento defienden a los delincuentes y se desentienden de las víctimas. En una actitud insólita accedió a reportajes periodísticos. Sus declaraciones causaron estupor e indignación.
Quedó claro, los delincuentes pueden actuar tranquilos, ella los va a ayudar a resocializarse. La guían los principios inculcados por Eugenio Raúl Zaffaroni. Han logrado que los delincuentes cuenten con garantías, derechos y prerrogativas, que no tienen las personas honestas, que sólo se dedican a trabajar, estudiar y vivir en paz.
Va siendo hora de que las instituciones relacionadas con el Poder Judicial, desde la Corte Suprema de Justicia hasta el propio Sindicato de Judiciales, tomen cartas en el asunto, y comiencen a remover a los jueces que actúan en contra de la seguridad pública. Muchos ciudadanos, han manifestado, que, ante la inacción policial, se han armado. ¿Habrá que esperar que hagan justicia por propia mano? Estamos a tiempo.
Gabriel C. Varela
[email protected]
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