La colección de Carlos Pedro Blaquier y Nelly Arrieta de Blaquier, valuada en cientos de millones de dólares, comienza a dispersarse entre sus cinco hijos. El conjunto europeo permanece en Luxemburgo y podría subastarse a través de Sotheby’s.
La colección de arte de Carlos Pedro Blaquier y Nelly Arrieta de Blaquier, considerada una de las más importantes de América Latina, comienza a disiparse después de la muerte del matrimonio. Los cinco hijos de los originales Blaquier Arrieta —Carlos, Alejandro, Santiago, Ignacio y María Elena, conocida como Mimi— quedaron a cargo del destino de las obras.
El conjunto europeo que permanece en Luxemburgo está valuado en unos 450 millones de dólares y podría llegar al mercado internacional a la brevedad a través de la casa de subastas Sotheby’s. Entre las piezas aparecen obras maestras del impresionismo y el postimpresionismo como un Arlequín de Paul Cézanne y Jeune fille à la barque, de Pierre-Auguste Renoir. Una de las piezas más destacadas es Châtaignier en fleurs roses et blanches, de Vincent van Gogh, pintada en 1890, cuyo valor estimado se ubica entre 150 y 200 millones de dólares. También se conoce la existencia de dos Nymphéas de Claude Monet, valuados en 50 y 42 millones. El destino de esos Monet todavía no está confirmado. En cambio, El zuavo, obra de Van Gogh que otrora fue la reina del patrimonio familiar, fue vendida en 2019 en una operación privada por alrededor de 300 millones de dólares.
Patrimonio blindado
La salida de las obras de la Argentina comenzó en 2019. Fueron trasladadas a Luxemburgo bajo un régimen de exportación temporal con opción a venta, luego de cumplir los controles oficiales correspondientes. Meses más tarde, la familia resolvió conservarlas allí por razones de seguridad y preservación, en un espacio especialmente acondicionado. Para convertir la operación en una exportación definitiva se pagaron a la Aduana más de 20 millones de dólares, suma que fue cubierta con la venta de uno de sus Monet. El expediente aduanero que siguió a aquella operación terminó resuelto a principio de este 2026.
El destino de las piezas europeas está ahora en manos de los cinco herederos. Todavía no está definido si todas serán ofrecidas en una subasta pública, si habrá ventas privadas o si las operaciones serán distribuidas exclusivamente por la casa Sotheby’s o la competidora Christie’s también entra en juego. Tampoco está determinado qué sucederá con el mobiliario y la platería europea que permanecen en Luxemburgo.
La historia tiene como figura central a Nelly Arrieta de Blaquier, heredera de una familia vinculada a Ledesma y nieta de Enrique Wollmann, uno de los hombres relacionados con el origen del imperio azucarero. En 1951 se casó con Carlos Pedro Blaquier, quien llegó a presidir Ledesma durante 43 años. Tuvieron cinco hijos. Nelly presidió la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes desde 1977 hasta 2011 y luego fue presidenta honoraria. Durante su gestión impulsó ampliaciones, remodelaciones, campañas de financiamiento y donaciones. Murió en noviembre de 2020, cuatro días después de cumplir 89 años.
Matriarca
Nelly, la mujer que dedicó buena parte de su vida a fortalecer el principal museo de arte de la Argentina, no dejó establecido que su colección privada permaneciera reunida en una institución pública. Los cinco hijos recibieron el patrimonio y, con él, la posibilidad de decidir su destino. Así, aquello que había sido construido durante generaciones como un valor único homogéneo, comenzó a transformarse en cinco herencias diferentes.
Las colecciones de arte que se suceden de generación en generación y que exceden los niveles de venta tradicionales no son un fenómeno exclusivamente de los Blaquier Arrieta. Las grandes fortunas suelen construir colecciones con la misma lógica con la que levantan empresas, fundaciones o multinacionales. Y cuando desaparece el coleccionista, los herederos deben decidir si conservar, donar o vender. El mercado suele convertir esa disyuntiva en cifras capaces de modificar para siempre la composición de una colección.
El caso Rockefeller es uno de los ejemplos más conocidos. En 2018, la colección de David y Peggy Rockefeller fue dispersada en Christie’s en más de 1600 lotes y alcanzó los 832,6 millones de dólares. Entre las piezas estaba “Muchacha con una canastilla de flores”, de Pablo Picasso, que alcanzó la cifra de 115 millones de dólares. Los herederos destinaron el dinero obtenido a distintas causas benéficas, completando una última etapa del mecenazgo familiar.
Danza de la fortuna
Los Macklowe (pioneros en bienes raíces de Nueva York) representan otro caso emblemático. Después del divorcio de Harry y Linda Macklowe, 65 obras fueron vendidas en Sotheby’s, en 2021 y 2022, alcanzando 922,2 millones de dólares y estableciendo el récord para una colección vendida en subasta. Rothko, Warhol, Willem de Kooning, Pollock y Giacometti abandonaron así el patrimonio familiar para incorporarse a nuevas colecciones.
La familia Mellon (ferroviarios de Estados Unidos) también combinó conservación y venta. Rachel “Bunny” Mellon, heredera de una enorme fortuna y esposa de Paul Mellon, reunió durante décadas obras de distintos períodos. En 2014, una selección de 43 piezas fue subastada por Sotheby’s y alcanzó los 158,7 millones de dólares.
En la Argentina, Amalia Lacroze de Fortabat conoció también la transformación del arte en capital. Su colección llegó a incluir un Van Gogh, un Turner y obras de Gauguin, Degas, Matisse, Corot, Pissarro y Signac. En 2002, en medio de las dificultades financieras de Loma Negra, puso en venta parte de su colección europea. Un conjunto de veinte obras valuado en 61 millones de dólares.
Fortabat consiguió que una parte sustancial de su legado sobreviviera como colección pública. En 2008 inauguró en Puerto Madero el museo que lleva su nombre, donde permanecieron obras de Turner, Brueghel, Berni, Prilidiano Pueyrredón, Xul Solar y otros artistas. La diferencia con los Blaquier Arrieta es significativa; y mientras una parte del patrimonio de Fortabat quedó asociada a una institución, el conjunto europeo de los Blaquier se encamina hacia el mercado de coleccionistas privados.
Con menos millones de dólares en danza, aparece la figura de Jorge Lanata, que quedó sometido a la misma lógica. El periodista dejó una importante cantidad de obras, entre las que aparece un manuscrito de Jorge Luis Borges intervenido por Xul Solar, una obra singular que combina literatura y pintura. Su destino forma parte de la sucesión entre sus hijas, Bárbara y Lola y su viuda, Elba Marcovecchio, que, cuando comience, tendrá mucha tela por cortar.
