Una encuesta nacional muestra una leve mejora general desde la pandemia, pero destaca mayor vulnerabilidad en jóvenes y mujeres, y analiza el impacto del uso de redes sociales e inteligencia artificial en el bienestar psicológico.
El Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) presentó los resultados de su encuesta anual sobre salud mental, realizada a más de 2000 personas mayores de 18 años de todo el país. El estudio, que se realiza desde 2019, aporta datos sobre el estado psicológico de la población, identificando tendencias y grupos de mayor vulnerabilidad.
Entre los hallazgos principales se destaca una tendencia a la baja en el riesgo de trastorno mental desde el pico registrado durante la pandemia de COVID-19. La proporción de personas que atraviesa una crisis bajó del 51% al 36% interanual, mientras que el riesgo de sufrir un trastorno mental descendió del 8.7% al 6.5%. No obstante, el investigador a cargo, Martín Etchevers, señaló que esta mejora es más lenta que la observada en otros países, donde los indicadores ya habían retornado a niveles prepandémicos en 2022.
El estudio incorporó por primera vez indicadores sobre el uso de redes sociales e inteligencia artificial (IA). Los análisis mostraron una asociación entre el uso de IA y mayores niveles de ansiedad y malestar psicológico global. Asimismo, la preferencia por interactuar con una IA antes que con un profesional humano se vinculó con indicadores más altos de sufrimiento psicológico, incluyendo riesgo suicida. «No podemos decir que el uso de IA genera mayor ansiedad, ni tampoco lo inverso; lo que sí podemos decir es que hay una asociación. No sabemos en qué sentido», aclaró Etchevers.
Los jóvenes y las mujeres aparecen como los grupos más vulnerables. El riesgo de trastorno mental es más alto en los participantes de menor edad, quienes también mostraron mayores niveles de sintomatología ansiosa y depresiva, especialmente en los estratos socioeconómicos autopercibidos como más bajos. En contraste, el grupo de 60 años o más presentó consistentemente las puntuaciones más bajas en los indicadores de malestar psicológico.
Pese a las barreras económicas señaladas por muchos encuestados, el deseo de acceder a tratamiento psicológico es alto: la mitad de quienes no están en tratamiento considera que lo necesita. Los autores del estudio ven en esto una oportunidad para fortalecer las políticas de salud mental, aprovechando el alto desarrollo del campo psicológico en el país.
