Un ingeniero griego con formación en danza contemporánea aplica sus conocimientos científicos y artísticos para transformar la panificación en una experiencia sensorial única, donde cada hogaza es una obra irrepetible.
Nikolaos Chandolias, un ingeniero y performer griego, ha encontrado en la panadería un medio para explorar la creatividad y los sistemas. Su trabajo consiste en transformar la masa madre en piezas únicas, utilizando pigmentos naturales como remolacha, espirulina o frambuesa, que revelan patrones inesperados al momento de cortar el pan.
El punto de partida de su práctica se remonta a su infancia en Katerini, ciudad cercana al Monte Olimpo, donde creció en el entorno de la panadería familiar. Años más tarde, tras estudiar ingeniería y danza contemporánea, Chandolias integró estas disciplinas en una maestría en medios interactivos y performance en Montreal. Fue la muerte de su padre y el tiempo de la pandemia lo que lo llevó a volver a la masa con una atención renovada, encontrando en el acto de amasar un gesto meditativo y un campo para la experimentación científica.
En su proceso, Chandolias diseña condiciones —como la fermentación, la humedad o los pigmentos— pero acepta que el resultado final no es completamente predecible. Compara su trabajo con una instalación interactiva, donde la obra se completa en el encuentro: en este caso, cuando alguien corta la hogaza y descubre su interior. Para él, el conocimiento científico no limita la creatividad, sino que la libera, permitiéndole trabajar con las reacciones naturales de los ingredientes.
Cada pieza que crea es irrepetible, ya que variables como la acidez del fermento, la energía del ambiente o su propio estado anímico influyen en el resultado. Su objetivo no es la perfección, sino la intensidad de una experiencia que se descubre en capas: visual, táctil y finalmente gustativa, antes de que el pan desaparezca en la mesa.
