En el Regimiento de Granaderos a Caballo, las once Máximas de San Martín siguen vigentes como guía moral. Un repaso por su origen, su significado y su relevancia actual.
En el patio de armas del Regimiento de Granaderos a Caballo (RGC), sobre la avenida Luis María Campos, cada mañana los soldados forman frente a un muro donde están grabadas las once Máximas Sanmartinianas. Escritas por José de San Martín en Bruselas el 13 de agosto de 1825, estas frases fueron dirigidas a su hija Merceditas, de 9 años, y constituyen un código de conducta cívico y militar.
La primera máxima, «humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican», refleja un pensamiento que hoy podría llamarse ecologista. San Martín, que en ese entonces vivía con recursos limitados en una modesta fonda de Bruselas, soñaba con el progreso industrial para su patria, pero sin perder de vista el respeto por la vida y la naturaleza.
El Libertador aplicó estos principios en el campo de batalla. Tras el combate de San Lorenzo y las batallas de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, trató con humanidad a los prisioneros realistas. Un ejemplo es el encuentro con el capitán español Juan A. Zabala en 1813: compartieron un asado y vino francés, y San Martín le entregó media res para alimentar a sus heridos. Años después, Zabala se puso a sus órdenes en la causa independentista.
En la actualidad, la segunda máxima —»inspirar el amor a la bondad y odio a la mentira»— cobra relevancia ante hechos como la disolución del Instituto Nacional Sanmartiniano en 2025, que implicó el despido del presidente ad honorem, teniente coronel Claudio Morales Gorleri, medida luego revertida por la repercusión nacional e internacional.
Las Máximas Sanmartinianas siguen siendo un faro ético que trasciende el tiempo y las ideologías, invitando a la reflexión sobre la compasión, la honestidad y el respeto por el otro.
