Mica Schachter, oriunda de Rosario, dejó Buenos Aires para formarse en Chicago y Atlanta. Hoy es especialista en neurointensivismo y accidente cerebrovascular, y fue la única mujer en su servicio hospitalario.
Antes de emigrar, Mica Schachter vivía en Buenos Aires y realizaba la residencia en terapia intensiva. Como médica intensivista, atravesaba una etapa de mucho trabajo, formación y esfuerzo. Sin embargo, algo faltaba en su vida. Solía leer los trabajos de médicos e investigadores reconocidos y, en ese proceso, su deseo de crecer profesionalmente, mejorar su inglés y formarse cerca de quienes revolucionaban el campo de la neurología aumentaba día a día.
Hoy, muchos de esos médicos se transformaron en colegas y hasta amigos con los que comparte cenas y conversaciones enriquecedoras. “No solo como alguien que aprende, sino como una colega con voz propia, criterio y experiencia. Hoy existe un respeto mutuo”, afirma.
Oriunda de Rosario, donde estudió Medicina, su familia siempre fue prioridad. Comunicar que dejaba Argentina para irse a Chicago a realizar una residencia fue complejo. “Con el tiempo todos se fueron acomodando a la idea”, asegura. “Mi mamá, un referente para mí, hoy se maneja de manera más independiente: aprendió a tomar vuelos sola, se anima más y hasta está aprendiendo inglés”.
En 2014, con 28 años, desembarcó en Estados Unidos colmada de adrenalina, entusiasmo y curiosidad. Durante el primer año de su residencia en Rush University Medical Center de Chicago estuvo enfocada en estudiar, crecer y adaptarse. “Siempre tuve la suerte de rodearme de personas inteligentes y empáticas que me empujaron a crecer”. Tras ese período, se mudó a Atlanta para continuar su formación en Neurología y Neurointensivismo en Emory University.
Mica comprobó cómo el esfuerzo rinde frutos en un país que le brindó posibilidades profesionales casi impensadas. Durante el primer año y medio de ejercer de manera independiente, fue la única mujer en el servicio de neurología y neurocirugía de su hospital. “Mi área de especialización maneja un ambiente muy intenso, donde uno cuida pacientes con lesiones cerebrales graves, accidentes cerebrovasculares, hemorragias cerebrales, coma y otras enfermedades neurológicas críticas”, explica.
Actualmente ejerce en un hospital privado y como editora en una revista de neurointervencionismo. “Estar al lado de un paciente neurocrítico y de una familia que ve cambiar su vida para siempre tiene un valor enorme. La conversación que uno tiene con esa familia puede perdurar durante generaciones”, concluye.
