La autoproclamada condesa francesa residió en Santa Fe entre 1912 y 1914, espió para los británicos en El Cairo y planeó ingresar a la ciudad sagrada del islam disfrazada de musulmana.
Marga d’Andurain, nacida en el País Vasco francés a fines del siglo XIX, tuvo varios apodos: la Mata Hari del desierto, la amante de Lawrence de Arabia, la condesa de los veinte crímenes. Según registros históricos, desde pequeña mostró un carácter indómito que la llevó a ser internada en varios conventos, de los que fue expulsada por desobediencia y mala conducta. A los 16 años conoció a Pierre d’Andurain, con quien se casó.
La luna de miel transcurrió en Argelia, donde nació su primer hijo, Pío. Tras gastar sus ahorros, la pareja decidió emigrar a América del Sur. Pierre viajó primero y se instaló en la provincia de Santa Fe, Argentina. Marga llegó en el invierno de 1912 con su hijo y una dama de compañía. La granja donde vivían era rústica y Pierre trabajaba con ganado criollo, sin alcanzar la fortuna esperada. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, en agosto de 1914, Pierre regresó a Francia para combatir y abandonaron el país.
En 1925, tras recibir una herencia por la muerte de su padre, Marga se mudó a El Cairo, donde abrió un instituto de belleza. Según declaraciones de su hijo Jacques, recogidas por la periodista Cristina Morató, Marga habría sido reclutada por el Servicio de Inteligencia británico para espiar en El Cairo. El instituto era frecuentado por esposas de oficiales británicos y altas figuras de la región, como la esposa del rey egipcio Fuad I. Los servicios secretos franceses le abrieron un dossier y prohibieron a oficiales hablar de temas sensibles cerca de ella.
En 1927 los Andurain se mudaron al desierto sirio y administraron el hotel Zenobia, que compraron en 1930. En 1933, Marga concibió el plan de ser la primera mujer europea en entrar a La Meca, ciudad prohibida para no musulmanes. Se divorció de Pierre en los papeles para acceder a una dote, se casó con un camellero beduino llamado Soleiman el Dekmari y se convirtió al islam adoptando el nombre de Zainab ben Maxime el Dekmari. Al llegar a Yidda, un examen médico reveló que su conversión era una farsa, por lo que fue recluida en el harén del vicegobernador árabe y finalmente expulsada.
Ese mismo año, Soleiman murió tras acusar a Marga de envenenarlo. Ella fue detenida 63 días, juzgada y absuelta por falta de pruebas, aunque se le prohibió regresar a Siria. En 1934 volvió a Beirut y se casó nuevamente con Pierre. En 1936, Pierre fue asesinado de 17 puñaladas; el crimen nunca se resolvió. En 1945, un sobrino murió tras comer un chocolate que ella le había regalado, y fue acusada de envenenadora, aunque liberada por falta de pruebas.
Instalada en Niza, compró un velero para viajar a Tánger, donde planeaba dedicarse al contrabando. Contrató como guardaespaldas al alemán Hans Abele, quien confesó haberla asesinado y arrojado su cuerpo al mar. Abele fue condenado a 20 años de prisión, de los que cumplió 10. El cuerpo de Marga nunca fue encontrado.
